La mujer de Gadafi y tres hijos huyen a Argelia
Argel reconoció ayer que Sofía, la primera mujer del dictador, Aníbal, Mohamed y Aisha están en el país
Los disparos y explosiones se han convertido ahora en gritos de alegría y bocinazos. La guerra ha terminado, el ramadán vive sus últimas horas en Trípoli y la gente comienza a creer en el fin del régimen. Las noticias de combates llegan ahora desde la lejana Sebha, 800 kilómetros al sur , y sobre todo desde Sirte, 400 kilómetros al este. Los rebeldes tratan de negociar con las tribus locales la rendición de ambas ciudades, pero de momento el diálogo no funciona. Varios responsables del Consejo Nacional Transitorio (CNT) denunciaron que los seguidores de Gadafi están aterrorizando a la población en Sirte, localidad natal del dictador, alertando sobre las represalias que los rebeldes tomarán si se pacta una rendición. «Lucha a muerte» es el mensaje que el grupo formado por «unos diez mil hombres armados leales a Muamar» , según mandos rebeldes consultados, tratan de inculcar a los civiles.
Los milicianos rodean la ciudad y la OTAN les allana el camino desde el aire; ayer los aviones de la Alianza realizaron más de veinte ataques sobre el bastión gadafista. La búsqueda del dictador no cesa, algunas fuentes le sitúan en su ciudad natal, y ayer el ministerio de Asuntos Exteriores argelino confirmó que la mujer del dictador y tres de sus hijos se encuentran allí con lo que ya empieza a aclarase el paradero de la familia. Se trataría de Sofía, su primera mujer y de sus hijos Aníbal, Mohamed y Aisha .
El pasado sábado la agencia de noticias egipcia Mena informó de que «seis vehículos Mercedes de color negro» cruzaron la frontera argelina y parece confirmarse que en ellos viajaban la mujer de Gadafi, Sofía, y tres de sus hijos, Aníbal, Mohamed y Aisha, además de sus nietos, pero el Ministerio de Exteriores argelino aseguró que entraron en el país ayer a las nueve de la mañana. El Consejo Nacional de Transición libio advirtió ayer a Argel que pedirá la extradición de la familia Gadafi , a la que acogieron por razones humanitarias, según ha podido saber el CNT. Los rebeldes consideran que darles cobijo sería un acto de agresión de Argelia, país que ya les ha ofrecido pasajes para que se refugien en un tercer país.
Aunque los combates se detuvieron hace apenas 48 horas, la guerra parece cosa del pasado en una capital que se ha convertido en un enorme parque temático donde cada día aparecen nuevas atracciones. El último descubrimiento es el avión personal de Muamar Gadafi , un Airbus 340 que desde fuera parece una aeronave más de la compañía libia Afriqiyah —incluida en la lista negra de la UE—, pero que por dentro cuenta con todo el equipamiento y lujo imaginable. «Llevo 22 años trabajando en aviación civil y es la primera vez que lo veo. Cuando Gadafi venía al aeropuerto nos encerraban en los despachos», confiesa Ali Mabruk mientras acerca una escalera a la puerta frontal de la aeronave. El aeropuerto es ahora la base principal de los milicianos de Zintán que han decorado el avión presidencial con su escudo de guerra. Los rebeldes suben y se hunden en los enormes sillones de cuero gris, entran a los servicios y registran cada compartimento. Aunque la ciudad lleva cinco días sin agua corriente, en el Airbus de Gadafi hay agua.
Equipo de expertos
Las condiciones de vida son complicadas y la Comisión Europea ha abierto en Trípoli una oficina de asistencia humanitaria y ha enviado un equipo de expertos para garantizar la rápida distribución de ayuda de la UE e identificar nuevas necesidades. De momento Europa destinará una ayuda de diez millones de euros, cuatro de ellos para respaldar las actividadesdel Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Trípoli y otras ciudades donde siga el conflicto. El CICR ya trabaja sobre el terreno y ayer denunció que entre los prisioneros capturados por las milicias rebeldes durante la toma de Trípoli hay ciudadanos extranjeros, de varios países africanos, a los que ya han tenido acceso. De la mano del organismo europeo llegaron también a Trípoli diplomáticos franceses y británicos, los primeros en reabrir sus legaciones.
El pillaje de la última semana ha llevado a organizaciones como Amnistía Internacional a alertar de que «los registros penitenciarios y otras pruebas materiales pueden ser decisivos para cualquier juicio que pueda celebrarse en el futuro por d elitos cometidos durante el régimen del coronel Muamar Gadafi ». Documentos personales y oficiales acaban en las maletas, bolsas de plástico y maleteros de civiles que arramplan con todo lo que se les pone delante y esperan obtener algo de valor entre tanto papeleo. La salida de los Gadafi debió ser muy precipitada ya que en las casas dejaron todos sus objetos personales, desde los sagrados coranes hasta las fotos de familia. Pese a los saqueos AI confía en recolectar las pruebas que, entre otras cosas, « podrían ayudar a arrojar luz sobre la suerte de muchos presos que han “desaparecido” en las cárceles libias en los últimos decenios, entre ellos muchos miles que fueron apresados por partidarios de Gadafi desde que comenzó la revuelta».
Las mansiones o el avión del dictador son la parte amable de los descubrimientos diarios de los libios de a pie, que con la excitación se olvidan por momentos de la falta de luz, electricidad o combustibles. La parte más cruda la representan las cloacas del régimen como la prisión del cuartel general de la Brigada Jamis, hijo del dictador cuyos hombres, según Human Rights Watch, podrían ser los responsables de la ejecución de 45 detenidos en un solo día.
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