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José Blanco: «Zapatero baila hoy con la más fea, pero el tiempo le hará justicia»

En su primera entrevista tras el fracaso electoral del 22-M, Blanco admite tener «un sentimiento agrio» y niega que Rubalcaba sea sinónimo de «dedazo»

José Blanco: «Zapatero baila hoy con la más fea, pero el tiempo le hará justicia» ANGEL DE ANTONIO

MIGUEL MARÍN

Recién aterrizado desde Luxemburgo, donde abordó un acuerdo europeo sobre medidas aéreas contra los efectos de las cenizas volcánicas, José Blanco se acomoda en su despacho de ministro de Fomento para desdoblarse también en vicesecretario general del PSOE. Es el peor momento para el partido en años. «Unas cosas van bien, otras regular, otras mal...». Sobre la mesa, orden: libros, carpetas y documentación pendiente de examinar. En primer término, un vaso de agua, una pluma y tres folios con ideas manuscritas y subrayadas en verde fluorescente, tras los que Blanco —«siempre fui Pepe»— deja ver un marco digital que cambia de imagen cada 20 segundos. En todas aparece en inauguraciones, en el Congreso...

—¿Qué se le pasó por la cabeza en la noche del 22-M, cuando asume la mayor pérdida de poder local y autonómico jamás sufrida?

—Pensé en muchos buenos candidatos que, pese a su buena gestión, inmerecidamente no han sido reelegidos, y la mayor parte de la responsabilidad no es imputable a ellos. Tengo un sentimiento agrio. Lo segundo que se me pasó es que no hay que perder ni un minuto y entrar en un periodo de reflexión y de cambio: reflexión sobre lo ocurrido y cambio para volver a conectar con los sentimientos mayoritarios de la sociedad.

— ¿En qué medida está afectada la marca PSOE por el desgaste personal de Zapatero y en qué medida el varapalo es atribuible a él?

— Vivimos en un periodo de convulsiones. Como país, tenemos que hacer frente a enormes desafíos que suponen tomar decisiones duras y sacrificios que no son entendidos. Son decisiones que la sociedad imputa al presidente del Gobierno. A veces injustamente, pero es así. Por eso se entiende cada vez mejor la idea que expresó en mayo del año pasado, cuando manifestó que tenía que tomarlas por el interés del país, le costara lo que le costara. Es probable que muchas de ellas tengan que ver ahora con el resultado electoral, aunque a medio y largo plazo se valorarán como muy positivas.

—Convénzame de que Rubalcaba no es sinónimo de «dedazo».

—En el PSOE hay unas normas y un procedimiento para la designación de candidatos, y hemos optado por el candidato mejor preparado. El procedimiento que se ha seguido respondía al sentimiento mayoritario de la organización, y Rubalcaba va a abrir una nueva etapa en el partido, para el partido y para España. Y a diferencia de Rajoy, cuando salga del Gobierno, volverá para ser presidente.

—Habla de «objetivos ahora mismo». ¿Es Rubalcaba una solución de urgencia para «ahora mismo», un mal menor para salvar los muebles, o es un proyecto de futuro?

—El PSOE está construyendo un nuevo proyecto que responda a los objetivos del nuevo tiempo. Zapatero es el líder del presente y Rubalcaba está construyendo un nuevo proyecto para el futuro de España.

—Pero más allá de que lo «construya», ¿él encarna el futuro del PSOE?

—Rubalcaba es la persona eficaz, audaz y resolutiva que necesita España. Todo lo contrario que Rajoy. Lo vimos en todas sus responsabilidades cuando estuvo al frente del Gobierno. Los dos estuvieron casi el mismo tiempo en el Ejecutivo y los dos tuvieron casi las mismas responsabilidades en Educación, Interior y vicepresidencia. Rajoy no supo gestionar ninguna mejora para la educación, infravaloró la peor catástrofe ecológica de España y demostró una ineficacia absoluta. Compare en las hemerotecas.

—Usted pasa por ser un experto intérprete de las encuestas. ¿Cuánto se ha equivocado el 22-M?

—Efectivamente, el resultado final no se correspondió con las previsiones iniciales. Pero es verdad que en la última semana de campaña los diagnósticos que teníamos se acercaron bastante a los resultados. Entendíamos que en esa última semana muchos indecisos votarían y que las cosas irían mejor. Pero al final hubo un votante crítico que cambió su voto y una abstención crítica mayor de la que habíamos diagnosticado.

—Su relación personal con Zapatero ¿es igual o se ha deteriorado?

—Es mayor. A lo largo del tiempo las relaciones personales han ido a mejor. Nos conocemos mejor, nos entendemos con la mirada, y me parece injusto que un presidente que ha impulsado una renovación tan profunda de nuestro país en reconocimiento de derechos, en la modernización de infraestructuras o en la ampliación del Estado del bienestar tenga que afrontar su etapa final con una crisis que no tenía precedentes desde 1929. Le ha tocado bailar con la más fea, pero con el tiempo se hará justicia y la sociedad le reconocerá como merece.

—¿Y con Rubalcaba? Cuando la pugna era entre Carme Chacón y él, usted apostó por el vicepresidente.

—Yo no debía hacer declaraciones públicas sobre qué candidato es mejor. Pero a quien me lo preguntaba se lo decía. Tengo una muy buena consideración de Chacón. Siempre le he mostrado el apoyo, pero entendía que en este momento el candidato natural para el partido y para la sociedad era Rubalcaba. Tengo la sensación de que hemos acertado viendo la reacción de la derecha.

—¿El PSOE está acertando en su empeño por demostrar que no hay bicefalia? Esa bicefalia es evidente.

—Es un invento. Cada uno sabe muy bien lo que tiene que hacer y se centrará en su tarea. Uno tiene la responsabilidad de gobernar hasta el último día, y otro tiene la misión de marcar el horizonte de un proyecto político con una mezcla de continuidad y cambio.

—¿Hay crisis de Gobierno en ciernes?

—No soy consciente de ello.

—¿Y qué hay de empecinamiento personal de Zapatero en no adelantar las elecciones?

—El mayor riesgo para la economía española se llama irresponsabilidad. Y España padece una sobreprima de riesgo de irresponsabilidad que practican Rajoy y el PP. Hemos emprendido unas reformas imprescindibles para la estabilidad económica. Por ejemplo, las pensiones o la negociación colectiva, que están en trámite parlamentario. ¿Alguien entendería que se dejaran las cosas a medio hacer y se retrasaran un año simplemente porque se anticipan en tres meses las generales? Nadie lo entendería.

—Pese a todo, no cesan las voces que reclaman ese anticipo.

—Este reclamo no es nuevo. El PP viene reclamando elecciones desde el año 2004. A los seis meses de elegir a Zapatero presidente, el PP ya pedía elecciones anticipadas y pronosticaban que no llegaríamos a 2006.

—¿Qué está en crisis, la socialdemocracia como modelo para sostener un Estado del bienestar inasumible o la gestión de su Gobierno, que da signos de agotamiento?

—No, el Estado del bienestar no está en crisis, pero como todo en la vida hay que perfeccionarlo y adaptarlo a los tiempos. Ahora hay nuevos retos por delante. Por ejemplo, no se puede contemplar el sistema público de pensiones con la mirada de hace 25 años porque nuestra población envejece y vive más. Habrá que adaptar la respuesta y no quedarse paralizado. Habrá que ver cómo una sociedad en la que aumenta el gasto sanitario responde a la cobertura universal, sabiendo que hay más personas que se benefician del modelo público sanitario. Es posible hacer más con menos recursos.

—Dicho así parece fácil. ¿Cómo?

—Recortando gastos que igual no son convenientes en este tiempo. Por ejemplo, hay un ámbito para simplificar la administración. Me pregunto si tiene sentido que sigamos manteniendo unas instituciones como las Diputaciones Provinciales. Mi respuesta es «no». Son miles de cargos, asesores, cientos de coches oficiales... recursos públicos que se pueden ahorrar. Es solo un ejemplo de cómo podemos evitar duplicidades y ahorrar sin cambiar la estructura del Estado autonómico y sin retornar a una «recentralización».

—¿Han sido irresponsables las administraciones con el déficit y la corrupción institucional? ¿No se ha sabido o no se ha querido contener?

—Debemos acabar con una cultura todavía muy asentada, según la cual las comunidades gastan y el Gobierno paga. Cuando uno gasta más, se le exige al Gobierno central y luego se le echa la culpa de no tener recursos suficientes. Tiene que haber mayor corresponsabilidad fiscal y si uno quiere gastar más, debe procurar tener más ingresos. Por eso es bueno que haya más disciplina presupuestaria.

—¿Por qué en la práctica ocurre exactamente lo contrario?

—Nos ha pasado una cosa. Durante un tiempo creímos que ingresos coyunturales eran estructurales, muchos de ellos derivados de la burbuja inmobiliaria. Si hay que hacer autocrítica, en 2004 debimos haber atajado con más determinación la burbuja inmobiliaria heredada. Nos habría evitado males mayores.

—No se hizo. ¿No fueron capaces de detectarlo?

—Insisto, las comunidades gastaron más de lo que disponían. Es verdad que algunas lo hicieron para mejorar la calidad de los servicios públicos. Ahora hay un debate interesante respecto al endeudamiento de Castilla-La Mancha. Sí, se endeudó mucho, pero tiene grandes servicios en sanidad o educación. Por ejemplo, mientras Castilla-La Mancha invertía en colegios, en la Comunidad Valenciana se despilfarraba en la Fórmula 1 mientras hay miles de alumnos en barracones. Unos malgastaron el dinero y otros mejoraron la educación aunque eso supusiese que hoy tengan más déficit.

—Más educación, mejores servicios … Y sin embargo han perdido Castilla-La Mancha y el PP repite en Valencia. ¿No hay más bien una sensación de que se ha despilfarrado el dinero?

—Los ciudadanos valoran positivamente y aprecian lo que se ha hecho en Castilla-La Mancha y la profunda transformación que ha vivido todos estos años. El tiempo lo demostrará.

—¿Comparte el diagnóstico de Núñez Feijóo de que el sistema sanitario corre riesgo de colapsarse?

—Observo con mucha preocupación algunas declaraciones de dirigentes del PP en relación con el sistema sanitario. Lo que esconden es su vocación privatizadora de determinados servicios públicos. Feijóo dijo eso y esta semana en el Parlamento gallego dijo lo contrario… No sé con qué quedarme. No se puede estar todo el día diciendo que hay que bajar los impuestos y recaudar menos, y luego echarle la culpa al Gobierno del déficit de financiación. Los recursos son limitados.

—¿Qué hace el Gobierno para resolver la crispación del Movimiento 15-M? ¿Comparte la idea de Zapatero, luego rectificada, de no dar importancia a su evolución violenta?

—Ni todos los miembros del 15-M son violentos ni todos los políticos son corruptos. Me parece que la generalización es injusta. El 15-M es un movimiento de reflexión, de reivindicación y hasta hace unos días de respeto. Creo que es la voluntad de la mayoría de ellos. Lo ocurrido en Barcelona no honra las ideas que dicen defender. Por eso queremos seguir atentos a las reflexiones que emanan pacíficamente de la mayoría de ese movimiento.

—¿Habla de acercar el PSOE a ellos?

—Algunos solo se interesaron por ese movimiento hasta el 22 de mayo. A nosotros nos apetece escuchar y atender las reflexiones que surgen de ellos. Es compatible reflexionar sobre cómo mejorar la democracia y tener más transparencia en la vida política con el actual modelo que nos hemos dado. Por tanto hay que tener respeto. Pero también hay que actuar con inteligencia y con prudencia. Actuar con inteligencia es actuar con firmeza cuando hay violencia, y con prudencia cuando es una protesta pacífica. Dicho de otra forma, no vamos a reprimir las reivindicaciones como algunos piden, ni vamos a tolerar la intimidación, como otros pretenden.

— Zapatero admitió con seis meses de retraso que España estuvo en riesgo real de ser intervenida. ¿Está ocultando ahora algo parecido?

—Es cierto que manifestó que España estuvo en riesgo de ser intervenida. Algunos aún no lo asumen hoy. Si el PP asumiera las dificultades que atravesaba nuestro país, no habría actuado durante este tiempo tan irresponsablemente. Estamos atravesando una coyuntura muy difícil. Hace unos años no podíamos imaginar que la situación de un país como Grecia podía afectar tanto a la prima de riesgo de nuestro país. Pero esas son las consecuencias de pertenecer a la UE. Lo que hacemos es ir tomando decisiones y, lamentablemente, muchas de ellas en solitario.

—¿Se le ha ido Bildu de las manos al Gobierno?

—Si Bildu está en las instituciones es por dos razones: porque la justicia y el TC determinaron que pudieran presentarse a las elecciones, y porque tuvo un apoyo muy significativo de los ciudadanos vascos. Nosotros no tenemos ninguna relación con Bildu y mientras exista ETA, el PSOE no tendrá ninguna relación con Bildu. Lo que tiene que pedir Bildu a ETA es el abandono definitivo de las armas.

—¿Será candidato a la Xunta?

—De mi futuro personal, político o más allá de la política hablaré después de las elecciones generales.

—Y en ese hipotético caso, ¿hará como Rubalcaba y pedirá que le llamen simplemente «Pepe»?

—Me llaman Pepe desde que nací. Cuando llegué a Madrid algunos empezaron a emplear lo de «Pepiño» como algo despectivo. No sé si hacia mí, hacia lo gallego... En todo caso siempre he sido Pepe, Pepe Blanco.

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