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Punto limpio

Tendrían que habilitarse varios macrocontenedores de alcaldes y concejales

Día 12/06/2011 - 02.44h

Son muchos los alcaldes salientes, no sus documentos, quienes tienen que llegarse al correspondiente punto limpio de su Ayuntamiento y lanzarse de cabeza al contenedor destinado al reciclaje. Como ese socialista de Aranjuez que, parece que después de conseguir atascar la máquina trituradora, llenó varios contenedores de expedientes que no quería que heredara la nueva alcaldesa del PP y, como concienzudo preservador del medio ambiente que sin duda es, envió los contenedores a ese lugar abierto al público donde los vecinos se desprenden de los objetos para los que ya no encuentran utilidad depositándolos en grandes piscinas clasificadas por materias: la de los electrodomésticos, la de los plásticos, la de las pilas…

A partir de hoy, tendrían que habilitarse varios macrocontenedores de alcaldes y concejales. Esos a los que los electores han bajado del coche oficial, los que ya no tendrán policías municipales que se cuadren a su paso, obligados a comportarse como cualquier hijo de vecino, irían directamente al de reciclaje; otros, los que se han dedicado a destruir documentos o a adjudicar a parientes y amigos lo que quedaba disponible de sus presupuestos para este año, se merecen ser llevados a lugares más cerrados y entre rejas tras pasar por la piscina de procesamientos. La de inhabilitación debería de llenarse con los que se hacen los despistados antes de entregar los expedientes que requieren sus sucesores en el requerido traspaso de poderes, a los que obligatoriamente se les debería exigir participar en un cursillo de orientación democrática.

Las imágenes que sin duda nos va a dejar el día de hoy son, sin embargo, otras: por un lado, las posibles 4.000 llamadas de los 4.000 cargos municipales socialistas que han perdido sus sueldos oficiales llamando a sus agrupaciones para preguntar qué hay de lo suyo. Por otro, la de los 4.000 nuevos ediles que les sustituyen abriendo cajones para echar una primera ojeada rápida a los papeles de su herencia y archivadores para calcular qué huecos se han quedado vacíos. Es una mala práctica, antidemocrática, que se remonta en el tiempo; en su día, Leopoldo Calvo Sotelo abrió la caja fuerte de La Moncloa para averiguar qué secretos le había dejado Adolfo Suarez y todo lo que halló fue…los números de la combinación para abrir la caja. Hoy, muchos de los nuevos alcaldes se van a encontrar poco más.

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