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Con el sovieten la puerta

Día 12/06/2011

Es muy fácil socavar los cimientos de la democracia. Sólo hacen falta tres docenas de desarrapados, cargados de derechos y sin ninguna responsabilidad, para, con un poco de ayuda de una administración acomplejada o mediatizada, subvertir el orden establecido. Lo vimos ayer cuando la nueva Corporación —no en su totalidad, claro— fue sitiada por una mini turba de alternativos subvencionados que iban de la puerta principal del Ayuntamiento a la trasera que da a la calle María Cristina para impedir que los recientes munícipes se fueran sin su ración de ofensas gratuitas, mientras la Policía Local miraba los aleros de las casas y las matriculas de los coches para ir haciendo —supongo— el trabajo del día siguiente. No eran en absoluto desconocidos, eran los mismos de siempre, la muchachada que Izquierda Unida mantiene o mantenía a beneficio de inventario para intentar suplantar por la vía de los hechos, descaradamente antidemocráticos, los votos de los que va careciendo en las urnas.

Y mientras el soviet—todavía pequeño y reconducible, pero ya con todos sus atributos— hacía su labor en la calle, dentro del Consistorio, Tejada exponía su discurso torpe y bronco en perfecta sintonía con el vocerío exterior. Ni una sola frase no teñida de resentimiento salió de su boca. Hasta la dignidad que invocó en varias ocasiones se le caía de los labios con el tono pedestre de los «indignados» que supone afines. Me pareció tan desnortado y tan echado al monte como su hasta ayer jefe de filas, que no tuvo siquiera la estricta educación primaria de asistir a la toma de posesión de su sucesor. Ciertamente, Tejada hizo lo que pudo para no desmerecerle. Incluso tuvo la osadía de apelar al aeropuerto inundable como una de las grandes aportaciones de la gestión municipal de su grupo. Llegó a calificarlo de «primer nivel».

Antes había intervenido Durán, que me sorprendió gratamente. Su pieza fue correcta, institucional, a veces demasiado institucional. Cuando ensalzó y agradeció la labor de Rafael Blanco, este puso una cara que hubiera quedado perfecta para ilustrar la portada de una edición de lujo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides. También Hurtado arqueó la cejas. No recuerdo bien si por la melosa referencia a Ocaña o por la que igualmente le hizo a Rosa Aguilar, o tal vez por ambas. Pero, en su conjunto, lo que dijo estuvo bien construido y no exento de contenido. Propuso compromisos al nuevo alcalde sobre temas concretos y demandó una tregua con la Administración autonómica, por el bien de la ciudad, que probablemente no esté dispuesta a conceder la Junta de aquí a las elecciones.

Me decepcionó Alburquerque, no por ser de Unión Cordobesa, sino por ser catedrático. Ya que estaba el rector allí, debería haber redactado algo más doctoral, más inteligible. Pero dio la sensación de que el discurso respondía a una improvisación, cuyo parto no podía ser otro debido a que en el grupo que representa todavía no hay una sola idea clara y, menos, compartida.

Nieto contestó como se esperaba y fue generoso con todos. Marco con nitidez las líneas generales de su gobierno y, para que no cupiesen dudas sobre la dedicación y el diálogo que promete, convocó a los portavoces de los grupos el lunes, a las nueve de la mañana, para elaborar conjuntamente un índice de prioridades ciudadanas.

Pero lo más entretenido, como siempre, estuvo a cargo de Rafael Gómez, que apareció con camisa y corbata negras para dar la más extrema seriedad a las pocas palabras que había aceptado decir. Bien es verdad que se equivocó al dejar «constituida la Constitución», porque lo que seguramente quiso expresar es que quedaba de cuerpo presente la Corporación.

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