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España es de derechas

Los españoles han votado en clave nacional, y lo han hecho para exigir una eficacia en la gestión que asocian con la derecha

Día 24/05/2011

ZAPATERO diría hoy que España es de derecha extrema, mensaje central de su campaña electoral y de sus siete años de Gobierno. Y argumento principal de los intelectuales de izquierdas durante los gobiernos de Zapatero y mucho antes de esos gobiernos. Argumento agotado desde este domingo como mensaje de contención de la llegada de la derecha al poder ante un nuevo ciclo político en el que parece más claro que nunca que la derecha es juzgada por lo que hace y por lo que es y no por lo que representa y por lo que fue, tal como pretende la izquierda.

El voto masivo al PP este domingo demuestra que los españoles votan a la derecha con los mismos criterios que a la izquierda. Lo que nunca ha estado del todo claro en la cultura política española, ni siquiera durante los gobiernos de Aznar. Tanto es así que, en términos de marca, la principal preocupación del PP ha sido hasta el día de hoy, además de vender eficacia y gestión, diluir la marca, la derecha, y reconvertirla en centro, centrados en ti, nuevamente en esta campaña, mientras que la del PSOE ha sido explotar su marca, la izquierda, como un elemento central de venta electoral.

Nadie pretende asociar hoy al PSOE con una representación del marxismo, de la revolución socialista o del anticapitalismo ni con la responsabilidad en un pasado de dictaduras comunistas. Pero el liderazgo de Zapatero ha fomentado de forma reiterada el mensaje de que el PP representa la involución, el autoritarismo o el elitismo, además de la responsabilidad por el pasado de la dictadura franquista.

Tanto es así que hemos asistido en los últimos días a una llamativa exaltación desde la izquierda de los movimientos populistas y extremistas del 15 de mayo al mismo tiempo que se rechazaba a la mayoría democrática de derechas. La fascinación por la demagogia del 15 de mayo frente a la descalificación del voto de derechas de al menos la mitad de los españoles. Una fascinación que ha llegado incluso a sectores de la propia derecha.

Pero el domingo los votantes certificaron la hecatombe del zapaterismo que es la hecatombe de una forma de socialismo. Con el dato añadido de que el único barón socialista que ha salvado su posición, con el permiso de Izquierda Unida, Guillermo Ferrnández Vara, representa un socialismo muy diferente al de Zapatero. Un socialismo menos nostálgico del pasado, más centrado en el presente y en la gestión, más nacional y español y más respetuoso con la derecha.

No hay duda de que los españoles han votado más en clave nacional que autonómica y municipal y que lo han hecho para exigir una eficacia en la gestión que asocian con la derecha más que con la izquierda. Y que la derecha extrema es una imagen que ha quedado limitada a la propaganda socialista y a un sector crecientemente marginal del electorado.

Aunque menor, no hay que minusvalorar el peso en este voto en clave nacional de la política del zapaterismo respecto de los nacionalismos y del terrorismo. En la misma noche electoral, nada menos que el vicepresidente Rubalcaba se dirigía a los españoles usando la expresión de los datos «estatales» en lugar de nacionales, demostrando, una vez más, que no es el socialismo el que ha integrado a los nacionalismos en la lealtad a España sino que son los nacionalismos los que han fagocitado al socialismo. Y le han impuesto incluso sus conceptos, no sólo sus objetivos políticos.

Queda también para el PP el mensaje electoral de que los españoles no tienen problemas en sentirse y proclamarse de derechas y que no necesitan que se les diluya la marca si tal marca representa eficacia, estabilidad y progreso.

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