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Columnas / FUERA DE MICRÓFONO

¡Adelante, Zapatero!

Ya no se va a salvar,pero puede que alguien olvide su nombre. A cambio le perdono el insulto

Día 23/05/2011

LA democracia es una sucesión de estados de ánimo que, más allá de la ingenuidad de los indignados, termina en una urna. Está bien la manera tan bonita con que los jóvenes se entretienen cuando los mayores —y los jóvenes— votamos; bien que dediquen sus horas al ocio de las asambleas y los sueños rotos, pero hoy es hoy, y la vida sigue más allá de que griten que PSOE y PP la misma mierda es. Esa forma de ver la política sólo conduce a la melancolía que generan las cosas imposibles. Ellos son también el sistema. Forman parte de un mundo en el que el nivel de exigencia personal ha decaído, en el que la llamada de la responsabilidad se ha roto, en el que el afán de superación se ha estrechado también entre muchos de los indignados que esta noche dormirán entre algodones. En los setenta cantábamos con Pablo Guerrero que tenía que llover a cántaros. Y ahí sigue Pablo con su guitarra: olvidado, viendo llover. Lástima que los indignados no conozcan la canción, porque tendrían un bellísimo himno con el que conectarían con sus padres.

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