Así definió un ex ministro de Felipe González a Zapatero, como un niño que cree poder volar como Supermán. Con una confianza ilimitada en sí mismo y convencido de tener la capacidad suficiente para resolver cualquier problema. Un seguimiento de su campaña permite apreciar cuán cierta es esa confianza ilimitada en sí mismo, pero también que este político con espíritu de Supermán lee encuestas y es muy sensible a ellas. Y que no tiene ninguna confianza en que el traje de Supermán le permita culminar con éxito el vuelo de hoy. Espera que los daños no sean catastróficos, pero es una esperanza más que una certeza, muy en especial desde mitad de la campaña.
El punto de inflexión se produjo el pasado domingo en Zaragoza. El día anterior, el PSOE había llenado la plaza de toros de Valencia y aún parecía posible una movilización en la última semana. Pero, en Zaragoza, los socialistas volvieron al pinchazo casi habitual de sus mítines, el lunes a la depresión del parque desangelado de Sevilla y, de ahí, en caída imparable de movilización hasta el triste mitin de los socialistas madrileños en el pequeño pabellón de Ifema, más propio de un partido minoritario que de un gran partido socialista.
Y no parece que las movilizaciones del 15-M sean una estrategia maquinada por el socialismo para embarrar el final de la campaña, a juzgar por el desasosiego de sus líderes en las últimas horas. El llamamiento de Zapatero a los movilizados ha parecido más bien una torpe adaptación a la situación que un maquiavélico plan.
Le queda a Zapatero la pequeña satisfacción de haber demostrado una vez más ser un excelente mitinero, mucho mejor líder de partido que presidente, varias cabezas por delante de todos los líderes regionales y locales con quienes ha compartido escenario. Mucho mejor, también, que sus probables sucesores, Rubalcaba y Chacón. El primero, un caso ya perdido para liderar a las grandes masas, y la segunda, de una inseguridad e inexperiencia poco excusables a estas alturas.
Nos queda el interrogante de cuáles serán sus auténticas intenciones a partir de mañana. En qué medida estará dispuesto a pasar al segundo plano o pretenderá más bien controlar al nuevo candidato desde ahí. Cuesta creer que el Zapatero de estos mítines esté pensando en el retiro de León. Lo que sea, dependerá de él y de lo que hoy ocurra.