La detención de Strauss-Kahn sacude al socialismo francés
Hasta ayer, el director del FMI era el candidato socialista mejor situado para derrotar a Sarkozy en las presidenciales de abril de 2012 en las presidenciales del mes de abril del 2012
La detención e inculpación de Dominique Strauss-Kahn (62 años) por un presunto delito de agresión sexual contra una camarera, en un hotel de Nueva York, precipita un terremoto de imprevisible alcance en la vida política y la campaña de las próximas elecciones presidenciales francesas.
Terremoto político. De la presidencia de la República (Sarkozy) a la extrema derecha, pasando por la oposición socialista y comunista, las reacciones se suceden, en cadena, intempestivas, incrédulas, demoledoras.
El PS se ha dividido entre partidarios, adversarios de DSK, divididos, a su vez, entre los hipócritas de esos y otros bandos.
Entre los fieles del director general del FMI, Jean-Marie Le Guen y Jean-Christophe Cambadelis, no se creen las versiones conocidas del escándalo, denunciando un “golpe bajo”, un montaje, insistiendo, atónitos: “Ese comportamiento no es el del hombre ni la cultura política que nosotros conocemos”.
Mucho más sibilinas y esquinadas, Martine Aubry y Ségolène Royal, aspirantes ambas a la candidatura socialista a la presidencial, piden “calma” y evitan pronunciarse sobre el fondo del problema, limitándose a decir, con temible sorna: “Nuestros electores esperan de nosotros una respuesta clara a sus problemas”.
A la derecha, Christine Boutin, conservadora cristiana, no puede creer la historia oficial, y declara: “Es algo tan horrible que no puedo creerlo. Le tendieron una trampa, y DSK se ha caído en ella”. Menos piados, Bernard Debré, conservador, ex presidente de la Asamblea Nacional, declara, feroz: “Se trata de una vergüenza para toda Francia. Ese comportamiento nos convierte en un país risible en la escena internacional”.
Terremoto electoral
Hasta ayer, DSK era el candidato socialista mejor situado para derrotar a Sarkozy en las presidenciales del mes de abril del 2012. Según la inmensa mayoría de los sondeos, hasta ayer, solo él podía vender a Sarkozy, si Marine Le Pen no lo eliminaba antes, en la primera vuelta.
Los candidatos de la izquierda deben ahora recomponer sus estrategias
Las inmensas proporciones del escándalo quizá hayan arruinado la carrera política de DSK, abriendo una lucha sin cuartel entre los candidatos a la candidatura socialista: François Hollande, ex primer secretario del PS, Ségolène Royal, Martine Aubry, entre otros. El azar y el vodevil quieren que dos candidatos, Hollande y Royal, ya fueron marido y esposa, padres de tres hijos, divorciados por la política y las aventuras extra conyugales de Hollande.
Eliminado DSK como posible candidato socialista, todo el juego electoral queda modificado, a la izquierda, donde otros candidatos, ecologistas, comunistas y de extrema izquierda deberán recomponer todas sus estrategias.
El ruidoso silencio del Elíseo solo es una forzosa y obligada hipocresía: el hundimiento político de su principal rival es una noticia de gran alcance para Sarkozy.
Terremoto “cultural”. El escándalo sexual de DSK abre una temible veda, ya que muchos de los candidatos a la presidencia de la República tienen vidas íntimas muy complicadas, que pueden convertirse en campos de minas, con temible celeridad.
El escándalo sexual de DSK promete semanas y meses de posibles revelaciones sobre su vida íntima y la de otros candidatos y candidatas. Se trata de un terreno inflamable, para los principales candidatos, comenzando por Sarkozy, Ségolène y Hollande.
Los rumores sobre el posible embarazo de Carla Bruni recuerdan cada día la fragilidad inflamable de la vida personal del presidente de la República . Divorciado, Hollande lleva una vida íntima igualmente “compleja”, unido sentimentalmente con una conocida periodista. Ségolène (divorciada de Hollande) preserva su vida privada: pero no es un secreto su unión a geometría variable con un conocido empresario.
La voracidad periodística comenzará centrándose en el escándalo DSK. Pero ha quedado abierta una peligrosa “veda” sobre imprevisibles intimidades en el corazón de la vida política francesa.
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