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Zapatero logra el aval para una misión «humanitaria»

El Congreso autoriza la participación en Libia con sólo tres votos en contraEl jefe del Ejecutivo dice que la misión no pretende expulsar a Gadafi

MARIANO CALLEJA

El Congreso fue ayer una balsa de aceite para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El debate sobre la guerra de Libia no tuvo nada que ver con el de la guerra de Irak de marzo de 2003. Entonces los socialistas hablaban de «paz», interrumpían a los oradores con gritos de «no a la guerra» y exigían votación secreta para tratar de dividir al PP. Hace ocho años el Parlamento se partió en dos, mientras que ayer los votos en contra se redujeron a tres: uno de Izquierda Unida y dos del Bloque Nacionalista Gallego.

Zapatero tuvo la habilidad de hablar media hora sin pronunciar la palabra «guerra». De nuevo hizo piruetas con el lenguaje para presentar la realidad tal y como la ve él. La operación «Odisea al Amanecer» es una misión «humanitaria». «Es un principio humanitario, la razón por la que estamos interviniendo en Libia: para defender a los ciudadanos de ataques por las propias fuerzas libias». El jefe del Gobierno subrayó que la Resolución 1973 ha dado una «base legal» para intervenir. Eso sí, Zapatero aclaró que no incluye la ocupación del territorio de aquel país y «no pretendía ni pretende la expulsión del coronel Gadafi de Libia». Unas palabras que chocaron con sus declaraciones del 18 de marzo, tras reunirse con el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon. En aquella ocasión, Zapatero dejó claro que el objetivo debía ser un cambio de régimen en Libia, después de que Gadafi abandonara el poder.

Petición «prudente»

Zapatero calificó de «prudente» la petición del Gobierno al Congreso, para que autorizara la participación de tropas españolas en la misión: «Un mes para el control y garantía de la zona de exclusión aérea, tres meses para la operación de aseguramiento del embargo». Además, se comprometió a acudir de nuevo al Congreso a solicitar su autorización si las necesidades de la operación «lo exigiesen».

Las conversaciones previas entre Zapatero y Rajoy dieron sus frutos, ya que ninguno de los dos mencionó en ningún momento Irak. Así tuvieron el debate en paz. Quien sí lo hizo fue el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, y después de él, todos los demás. CiU dejó claro que se opuso a la guerra de Irak porque no había un mandato de Naciones Unidas, algo que sí existe en el caso de Libia. Tanto el PNV, como ERC, Coalición Canaria, UPyD y UPN defendieron su apoyo a esta intervención militar, al estar respaldada por la ONU.

La entrada en escena de Gaspar Llamazares fue una vuelta al pasado. El portavoz de IU subió a la tribuna con el cartelito del «No a la guerra» en la solapa, como en los viejos tiempos, y fue directo a la yugular de Zapatero: «Quién le ha visto y quién le ve. Ha pasado del no a la guerra, luego a un “sí, pero” en Afganistán, y ahora están en el sí a la guerra». La alusión sentó especialmente mal a Zapatero, quien acusó a Llamazares de hacer una desfiguración burda de su posición. El jefe del Gobierno defendió su «coherencia» en tres principios: la defensa de la paz y la seguridad en el mundo; la defensa de la autoridad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la defensa de la UE como garantía de la seguridad y de la paz.

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