Boicotean el Guggenheim de Abu Dhabi por maltrato a los obreros
Artistas de Nueva York, pero con raíces en Oriente Medio, llaman a la comunidad artística a no vender ni ceder obras al nuevo museo

El nuevo y flamante museo Guggenheim de Abu Dhabi , diseñado por Frank Gehry y soñado para ser la nueva joya de la corona del imperio Guggenheim, se enfrenta a un boicot que amenaza con dejar desiertas sus paredes: prominentes artistas de Nueva York, pero con raíces en Oriente Medio, llaman a la comunidad artística a no vender ni ceder obras al nuevo museo para protestar por las malas condiciones en que trabajan los obreros contratados para su construcción.
«The New York Times» cita a Walid Raad , un artista neoyorquino nacido en Líbano, entre los principales promotores de la protesta. Otros nombres comprometidos con la misma son Shirin Neshat, Mona Hatoum, Akram Zaatari, Yto Barrada y Kader Attia, todos ellos imprescindibles si el Guggenheim quiere ofrecer una colección digna de arte de Oriente Medio .
En cierto modo es como si alguien cuestionara el derecho a erigir las pirámides de Egipto sobre el sufrimiento de incontables trabajadores uncidos a un régimen de verdadera esclavitud. Lo que ocurre actualmente en Abu Dhabi no llega a semejantes niveles pero, según los líderes del boicot, se parece más a eso que a condiciones laborales propias del siglo XXI.
Tarifas abusivas de contratación
En esencia los obreros, en su mayoría extranjeros, se quejan de que son reclutados en un régimen que recuerda las pesadillas más negras de los inmigrantes ilegales: los contratistas les imponen unas tarifas abusivas por su propia contratación, endeudándoles de manera agobiante antes incluso de empezar a trabajar. En la práctica están pagando por ello, más que cobrando. Encima les retienen el pasaporte y les amenazan con represalias si tratan de huir aunque no se les esté pagando su salario.
Richard Amstrong, director tanto del museo como de la fundación Guggenheim, lleva cierto tiempo negociando con los contratistas en Abu Dhabi, pero los artistas denuncian que se trata más de un intento de salvar la cara que de llegar al fondo del problema. Armstrong habría exigido que los contratistas respeten la legislación laboral local, pero eso tampoco parece ser mucha garantía contra los abusos.
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