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ABC Cultural

Álex Montoya: «Mi generación ha perdido el miedo al cine comercial»

Su corto «Cómo conocí a tu padre», el más visto en la última edición de FIBABC, supera ya las 150.000 visitas en la web del Festival

ABC

MARTA MOREIRA

“Cómo conocí a tu padre” , una pequeña pieza de humor rodada y autoproducida con apenas 3.000 euros de presupuesto, ha registrado más de 150.000 visitas en la web del Festival Iberoamericano de Cortometrajes de ABC (FIBABC) , destacándose como la más vista de la edición de 2010, que terminó el 29 de noviembre.

El éxito en la red de este corto es la culminación de un brillante recorrido por los principales certámenes nacionales e internacionales dedicados a este formato, en el curso del cual ha recogido importantes reconocimientos, entre ellos la Mención Especial del Jurado en Sundance del pasado año. Con diez cortometrajes en su currículum, Álex Montoya es uno de los directores de cortometrajes más prometedores de España, aunque ya prepara su salto al largo, una “comedia de boda” al estilo de Larry David (“Curb Your Enthusiasm”).

-¿A qué se debe el título “Cómo conocí a tu padre”?

-Siempre me gustó el nombre de la serie “Cómo conocí a vuestra madre”, porque de entrada te cuenta una historia. El corto se iba a llamar “Gatillazo”, que era un título terrible, lo reconozco.

-En el corto se refleja un encuentro amoroso en el que la mujer es un sujeto aquiescente, y a la vez posee el control absoluto de la situación.

-Tengo dos hermanas pequeñas y siempre he estado muy pegado a ellas y a sus amigas. Me han comentado muchas cosas, he visto a sus novios pasar y he comprobado cómo las mujeres se cuentan todo, hasta los últimos detalles, lo que me hace mucha gracia. El corto no es más que el reflejo de cómo han sido los novios de mis hermanas, que tienen un carácter muy fuerte, mientras ellos eran más bien sumisos.

-Bueno, al final el chico no sale tan mal parado…

-El giro final redime un poco el corto, que, si no, parecería un poco superficial. Yo creo que las mujeres al final le dan más importancia a estar con una persona con la que se puedan reír a alguien con una gran “performance” en la cama. Me gustaría pensar que es así.

-A diferencia de su siguiente corto, “Marina” (2009), que tiene una factura más sofisticada y requirió de subvenciones, “Cómo conocí a tu padre” es un corto casi improvisado. ¿Cómo surgió la idea de rodarlo?

-Habíamos comprado una cámara para nuestra productora, Morituri, y para probarla decidimos rodar algo prácticamente improvisado. Lo que pasa es que quedó muy bien, empezamos a moverlo y resultó que funcionó fenomenal desde su estreno en Cortogenia en noviembre de 2008. Según mi experiencia, los cortos que no tienen ayudas públicas suelen funcionan mejor. Cuando recibes subvenciones tienes mucha presión para que todo te luzca y te constriñes un poco; te centras demasiado en que la producción funcione perfectamente y puedes perder de vista el objetivo, que es que los actores estén bien y que la historia se cuente de la forma adecuada.

-En “Marina” vuelve a combinar amor y sexo desde un punto de vista bastante entrañable, aunque parta de una premisa algo extrema, una chica que se hace pasar por prostituta.

-Creo que nos comportamos de forma muy diferente por la noche. Somos más libres, conocemos a gente en muy poco tiempo, a personas que no conocerías en un contexto cotidiano. “Marina” surgió pensando cómo reaccionaría una chica normal si conociese a un hombre de forma imprevista y le propusiera pasar una noche con él a cambio de dinero. La idea me vino a la cabeza por historias que me contaban mis amigos homosexuales sobre cómo alguna vez les confundían con un chapero y se iban con alguien por el morbo de la situación. Ya sé que las mujeres posiblemente no se comporten de esa manera, pero este corto trata de imaginar a una que sí acepta este juego.

-Habla de esa posibilidad, pero también de la necesidad de las mujeres de estar con hombres maduros.

-Ella es una chica joven que ha estado con chicos que le dan la noche cada dos por tres porque están llenos de agresividad. El protagonista (Luis Zahera) es un hombre con un pasado traumático, que hace una vida muy recogida en casa, y ella (Andrea Dueso) se ve atraída por esa madurez.

-Desde su estreno, “Cómo conocí a tu padre” ha recibido diversos premios en festivales nacionales e internacionales, entre ellos uno en Sundance. ¿Cuáles son las consecuencias inmediatas de este reconocimiento?

-En España he ganado reconocimiento en círculos muy concretos y han contactado conmigo algunos productores y organizadores de festivales, pero nadie se ha ofrecido para producirme un largometraje. En Estados Unidos sí me contactaron muchas agencias de representación y alguna productora, y a raíz de ello tengo un agente en Los Ángeles, pero me dicen que sin un largometraje previo es muy difícil arrancar allí.

-¿Son los cortos un paso en el camino hacia el largo, o es un formato con sus propias posibilidades artísticas?

-Me gusta mucho el formato del cortometraje, pero con lo que creces y lo que nos gustaría hacer a la mayoría es un largometraje. En España los cortos están muy bien considerados; las televisiones los compran, hay muchos festivales especializados... Es un formato con un circuito que permite rentabilizar las producciones y que goza de bastante prestigio internacional. En el plano artístico, supuestamente el cortometraje es más inmediato, pero si sacas números no es proporcional el esfuerzo que inviertes con respecto a un largometraje. Una película, una vez tienes el guión y el dinero, puedes acabarla en seis meses, y un corto con un mínimo de producción no te lleva mucho menos tiempo.

-Forma parte de una generación de cortometrajistas que no tienen complejos en realizar cine comercial, ¿a qué atribuye esta coincidencia?

-Los que nos hemos educado audiovisualmente en los ochenta o principios de los noventa hemos perdido los complejos. Entendemos que el espectador es el destinatario final del trabajo que hacemos y como tal queremos contar las cosas de forma que las entienda y las disfrute. En el pasado, el corto español era predominantemente experimental o autoral, pero también se hacían otros más comerciales como “El columpio” o “Allanamiento de morada”. Los cineastas de hoy no sólo le han perdido el miedo al cine comercial, sino que quieren realizarlo. Eso sí, evidentemente bien hecho y de calidad.

-¿En qué está trabajando ahora?

-Hemos terminado un corto que se llama “Maquillaje”, que es un dramón hospitalario con dos adorables ancianos como protagonistas. El guión lo ha escrito mi hermana, yo no hubiera escrito algo así, pero me parece interesante la experiencia, porque me veo más como director que como guionista. Espero estrenarlo en septiembre u octubre del año que viene, porque a “Marina” todavía le queda más recorrido en festivales. Mientras tanto, hemos recibido una subvención de la Comunidad Valenciana para rodar un largometraje, y estamos peleando para conseguir la financiación que falta. Se trata de una comedia de boda al estilo de “La boda de Rachel”, con un aire muy documental en la línea de Larry David.

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