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Los cristianos de Bagdad resisten contra la creciente islamización de Irak

Pese a la violencia islamista que les empuja al éxodo, aún hay cristianos dispuestos a no abandonar este país

M. AYESTARÁN

M. AYESTARÁN

«Mi amor, no te voy a ver otra vez porque voy a morir», fueron sus últimas palabras. A las pocas horas fui a recoger su cadáver al hospital. Pese a todo, yo me quedo en Bagdad. ¿A dónde voy a ir? No creo que pueda perder más de lo que he perdido hasta ahora». Ayad Ramsi perdió a su esposa en el atentado contra la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación del centro de Bagdad que el pasado 31 de octubre costó la vida a 58 personas y que supuso el inicio de una emigración masiva de la capital de los fieles de esta comunidad.

«Más de seiscientas familias han tenido que huir de sus casas, estamos en un momento crítico», sentencia el padre Nadheer, que lleva tres años al frente de la iglesia caldea de San Gregorio. Junto al templo, dentro del mismo complejo, una escuela recibe a los niños del barrio cada mañana. Musulmanes (70 por ciento de los niños) y cristianos (treinta) comparten aulas y sólo se separan cuando les toca clase de religión. Descansan viernes y domingos y en estas fiestas sólo cierran sus puertas en los días más señalados. El despacho de la parroquia se ha convertido en una especie de sala de embarque de un aeropuerto a la que cada día acuden vecinos para pedir los papeles de bautismo que les acreditan como cristianos para emprender su huida a Kurdistán, de forma temporal, o la definitiva salida a Occidente en busca de seguridad.

La iglesia de San Gregorio está forrada de muros de cemento desde hace una semana, «una petición de las familias de los niños que estudian aquí porque las ventanas dan a la carretera y un coche bomba podría resultar devastador», señala el padre Nadheer desde la azotea del colegio. «Este vecindario de Al Gadir era mayoritariamente cristiano hace no mucho, hoy casi todos han vendido sus casa y se han ido», asegura.

El mensaje oficial es el de pedir a los fieles que no emigren, pero en la práctica resulta muy complicado cumplir la orden para los sacerdotes que están a pie de calle. «No creo que quedemos más de 150.000 en la capital, tres veces menos que en 2003», comenta el padre Saad Sirop Hana desde el exterior de su iglesia de San José en el barrio de Karrada, centro neurálgico de los cristianos de la capital. Se ha negado a levantar muros de protección «porque los que nos rodean son hermanos, no enemigos» y confía en los voluntarios de la parroquia que defienden el templo de posibles ataques. El atentado contra Nuestra Señora de la Salvación le llevó a cancelar todas las actividades navideñas y ahora sólo mantiene un servicio litúrgico diario con una asistencia media de «no más de diez personas», lamenta este cura que en 2006 tuvo la desgracia de sufrir en primera persona la experiencia del terror ya que permaneció secuestrado durante un mes. Entonces estaba en una iglesia del barrio de Al Dora, zona en la que no queda hoy un solo templo abierto. «Hay un problema grave de convivencia. El islam ocupa cada vez más importancia en la política de este país. Y los religiosos de grado medio que predican cada viernes ofrecen una visión equivocada del cristianismo», piensa el padre Sirop.

Campaña de islamización

En pleno momento de pánico de la comunidad cristiana, el gobierno provincial de Bagdad ha promulgado un decreto para la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas, una de las principales fuentes de recursos para la que es la minoría religiosa más importante del país. «Lo hacemos en respuesta a las peticiones de la mayoría del pueblo, harta de los robos y escándalos nocturnos de los borrachos», asegura el ex gobernador Muin Kadimi, del partido Dawa del primer ministro Nuri Al Maliki. Desde periódicos liberales como Al Meeda lo interpretan como «un intento claro de intentar islamizar Bagdad» y han lanzado una campaña «por la defensa de las libertades individuales», señala su jefe de redacción, Ali Husein. Además del cierre de clubes, bodegas y discotecas, desde Al Meeda denuncian «la imposición del hyjab para ir a la escuela a las niñas a partir de los seis años o la suspensión de festivales artísticos en Babilonia porque contenían danzas y música».

La tensión creada por los ataques sufridos a lo largo de 2010 ha llevado a algunas formaciones políticas cristianas a pedir la constitución de una especie de cantón cristiano en el norte del país. El presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, declaró a mediados de noviembre que no se opondría a este proyecto y pidió a los cristianos del país que no optaran por emigrar al extranjero porque «son parte de los orígenes de Irak».

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