El tripartito deja la Generalitat con una nueva andanada de multas lingüísticas
Sancionan con 500 euros a un comercio de Barcelona por cambiar el cartel al catalán fuera de plazo

Hasta el último minuto. El gobierno tripartito en la Generalitat ha apurado sus últimos días antes de ser barridos por CiU en las elecciones cumpliendo de manera estricta con aquellos aspectos más polémicos de la política lingüística: las multas a los comercios que no rotulan en catalán.
La última andanada sancionadora afecta a los propietarios de un pequeño negocio en Barcelona, Decoración Paralelo, multados con 1.000 euros —luego rebajados a 500— por no rotular su negocio al menos en catalán, como exige la ley. «Mire, no somos personas politizadas, ni radicales, pero estamos indignados con lo de la sanción económica. No pensamos pagar, y llegaremos hasta donde haga falta», advierte E. Ll., la pareja del comerciante al que han sancionado y que prefiere que no se difunda su nombre. Tampoco quiere que se fotografíe la tienda, «por miedo a perder clientes», explica.
El proceder administrativo hasta la concreción de la multa ha indignado tanto a los dueños del comercio como la cuestión de fondo, la obligatoriedad de publicitar su negocio en una lengua concreta: «Estamos en Cataluña y me parece normal que los negocios se rotulen en catalán, lo que me molesta es la obligación».
Problemas con el cartel
La odisea lingüística de Decoración Paralelo comienza, como en la mayoría de multas por este motivo, con la denuncia, más bien delación, de un particular, que el 25 de abril de 2008 advirtió a la Agencia Catalana de Consumo (ACC) que el comercio en cuestión, en la avenida del Paralelo, podría incurrir en una irregularidad en materia de política lingüística. Como consecuencia de ello, el 13 de octubre se envía un requerimiento para que en el plazo de dos meses se cambie el cartel. Si en el plazo citado no se ha modificado, advierte la ACC, «se iniciarán las actuaciones necesarias con objeto de corregir la infracción»; en otras palabras, la multa.
«Nos quedamos sorprendidos, pero aceptamos, así que decidimos cambiar el cartel», explica E.Ll. La historia, claro, no acaba ahí. Los propietarios del negocio encargaron a un comercio cercano el nuevo rótulo, que por circunstancias diversas tardó varios meses en confeccionarse. Entre otros contratiempos, «el señor que lo tenía que hacer se puso enfermo, algo que podemos demostrar», alega la propietaria. Sea como fuere, la cuestión es que cuando el 4 de septiembre de 2009 un inspector de la ACC se dirigió al establecimiento, el rótulo seguía, muy gallardo, en castellano. El inspector, metódico él y dejando constancia fotográfica de la infracción, constata que el catalán seguía sin aparecer.
En consecuencia, y por «vulnerar los derechos lingüísticos que son reconocidos a los consumidores», les imponen una sanción de 1.000 euros, que, finalmente, el 8 de septiembre de 2010, y atendiendo a que el rótulo se ha cambiado y ya está escrito en catalán, se rebaja a 500.
«¡Pues vaya si no existen!»
«Lo de la multa es un absurdo. Cambiamos el cartel e igualmente nos sancionan», explica indignada E. Ll., que reconoce que no cumplieron con los plazos fijados, pero no por voluntad propia. Muy enfadada explica que no tienen intención de pagar. «De hecho, no habíamos pensado en denunciar el asunto hasta que oímos cómo en la campaña de las autonómicas José Montilla vino a renegar de las sanciones, asegurando que se trataba de casos anecdóticos». «Pues vaya si no existen las multas», explica la propietaria. La indignación llevó a E. Ll. a trasladar el caso al grupo municipal del PP.
«Durante la época de Franco prohibían la lengua catalana. Y ahora en democracia me parece alucinante que se den situaciones de este tipo», señalan los propietarios frente a su comercio, ahora sí, con multa de 500 euros de por medio, con un ya normativo «Decoració Paral.lel».
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