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BIRMANIA

¿Conseguirá un escaño la oposición birmana?

Se culmina la farsa electoral en Birmania para perpetuar a la Junta militar en el poder. Ganarán los partidos del régimen, pero habrá que ver si será un «pucherazo» absoluto

PABLO M. DÍEZ

¿Habrá algún diputado de la oposición en el Parlamento birmano o será un «pucherazo» absoluto de la Junta militar? Esa es la única duda que queda tras las elecciones celebradas en Myanmar (nombre oficial de la antigua Birmania), las primeras en veinte años.

En 1990, el régimen de los generales anuló la aplastante victoria de Aung San Suu Kyi, hija del héroe de la independencia. Dos décadas después, con la Premio Nobel de la Paz aún confinada en su casa y vetada en las listas electorales, la Junta ha organizado unos comicios a medida criticados por la comunidad internacional como una «mascarada».

El búnker de Naypyidaw

Desde su búnker de Naypyidaw, la nueva capital construida en medio de la jungla para aislarse del pueblo, los militares no sólo se han reservado un cuarto de los 1.159 escaños en juego en el Congreso, el Senado y en 14 Parlamentos regionales. Además, han puesto numerosas trabas para impedir la participación de la oposición, como exigir una cuota de 350 euros a cada candidato, y han prohibido que se presenten los disidentes condenados por motivos políticos. Entre ellos figura la «Dama», como es popularmente conocida Suu Kyi, quien ha pedido el boicot contra las elecciones mientras espera a que su arresto domiciliario concluya, en teoría, el próximo sábado.

Como su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ha sido disuelto, algunos miembros escindidos han concurrido con una nueva formación, Fuerza Democrática Nacional, que presenta 164 candidatos. Sin embargo, sus opciones son escasas frente a los 1.112 del oficialista Partido para la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión, liderado por el primer ministro y exgeneral Thein Sein.

También se espera un buen resultado del Partido de Unidad Nacional, otra fuerza alineada con el poder y heredera de la «vía birmana al socialismo» del general Ne Win, quien en 1962 instauró una calamitosa dictadura militar que hundió al que era uno de los países más prósperos de Asia hasta su independencia de los británicos en 1948.

En un país donde impera el miedo a la Junta militar, la cuestión no es saber quién ganará, sino por cuánto. Aunque 37 grupos políticos concurren a los comicios, 24 son pequeñas formaciones étnicas y, junto a los oficialistas, sólo tres más aspiran a pintar algo en el Parlamento: la antigubernamental Fuerza Democrática Nacional, el Partido Demócrata y el de la etnia Shan.

«Fraude generalizado»

«Ha habido un fraude generalizado pero, si conseguimos uno o dos escaños en el Parlamento, entonces seremos la voz del pueblo», se conformó en declaraciones a la televisión Al Yasira Khin Maung Swe, portavoz de la Fuerza Democrática Nacional.

Aunque la oposición ha denunciado amenazas para votar a favor de los partidos oficialistas, la Junta militar pretende legitimarse con esta farsa electoral y darle apariencia democrática a una de las dictaduras más antiguas y feroces de Asia.

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