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ABC Cultural

Un libro hace temblar los cimientos de la Academia Sueca

Knut Ahnlund (Don Canuto) revela los trapos sucios de la institución en sus memorias, mientras celebra: «¡Por fin se lo han dado a Vargas Llosa!»

AFP

CARMEN VILLAR-MIR

A veces el concepto de escándalo se queda corto. La revista Axess publica esta semana un capítulo de ocho folios del libro de memorias de Knut Ahnlund, de inminente aparición. Se trata de las memorias del académico y escritor que abandonó con un portazo la institución que concede el Nobel por «el desprestigio» que, en su opinión, causó en 2004 el premio de Elfriede Jelinek. Ahora, su libro, con bisturí analítico y no poca maldad, retrata al club literario más conocido (y poderoso) del mundo, sin ahorrar detalles sobre sus «pecados capitales» y califica a sus miembros de «cañerías rotas» que dejan escapar continuos «goteos» sobre la identidad de los premiados con el preciado Nobel.

Fugas de información que alimentan a las casas de apuestas aparte, Knut Ahnlund, también conocido en España como don Canuto —un apodo que le puso Camilo José Cela el año de su Nobel— arremete en sus memorias contra el papel de la Academia en asuntos tan delicados como el de Salman Rushdie —la negativa de apoyarle cuando Jomeini decretó su pena de muerte con una fatua— que supuso la dimisión de los académicos Kerstin Ekman, Werner Aspenström y Lars Gyllensten.

Acusa de prepotencia y mobbing a los académicos, y pone a caer de un burro al anterior secretario permanente, Horace Enghdal. De él dice: «Tiene una idea de la literatura muy ególatra, una filosofía que no va más allá del posmoderno francés y ni en Suecia ni en la Academia se han dado cuenta todavía». Don Canuto ahora sólo espera que le dejen dimitir. Mas, a pesar de estos dardos envenenados, la dimisión no tendrá lugar. La Svenska Akademien, o Academia Sueca, escoge a sus miembros de por vida y el sillón número 7 de su Sala de Juntas seguirá perteneciendo a Knut Ahnlund, aunque permanezca vacío.

Historiador, literato, experto en lenguas románicas, escritor y traductor, uno de los académicos más insignes del mundo de la Cultura nórdico, Ahlund vuelve a desenterrar el hacha de guerra y en su libro de memorias arremete contra la real institución sobre la que siente «un desinterés que cada día va en aumento». Aun así, se permite celebrar el Nobel de 2010, en el que él no ha participado, subrayando las ganas que tenía de que hubiera ocurrido antes: «¡Al fin se lo han dado a Vargas Llosa!», afirma en «Aftonbladet».

Es conocido que sobre las deliberaciones de los premios Nobel rige una cláusula de silencio de cincuenta años. Pero en una entrevista al diario «Dagens Nyheter», explica Ahnlund que los detalles de su libro rompen ese sello conscientemente porque «la Academia no puede tener el monopolio sobre la historia de la literatura» y sus miembros son «incapaces de ser discretos».

Ni 50 años ni un minuto: Ahnlund cuenta que hay soplos y que, por ejemplo, los galardones a Le Clézio y a Herta Müller fueron filtrados de antemano. Opina que la institución creada en el siglo XVIII por Gustavo III ha perdido prestigio por traicionar los criterios esbozados por Alfred Nobel. El creador del galardón «nunca pudo imaginar que no se tuvieran en cuenta a veces esos criterios».

Don Canuto ingresó en marzo de 1983 en la Academia. El catedrático experto en español, que ha traducido entre otros a Cela y Paz, ocupó el sillón número 7. Seis años más tarde, tras el «Rushdie affär», dejó de asistir a las juntas y a los almuerzos de los jueves. Para él, el Nobel a Jelinek fue «un fallo irreparable que quitó valor tanto a las anteriores como a las futuras decisiones». La Academia no ha hecho comentarios sobre su libro.

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