«Cuba tiene que hacer mucho más que liberar presos»
Javier Solana cree que un cambio en la Posición Común de la UE hacia la Isla debe ir acompañado de reformas más claras y rápidas del régimen castrista
Hace diez meses, Javier Solana abandonaba Bruselas, la ciudad a la que en los últimos quince años volvía después de sus continuos viajes por el mundo, primero como secretario general de la OTAN y, después, como Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE. Hoy, desde las aulas de la escuela de negocios Esade, mantiene también una intensa actividad, mientras recuerda los acontecimientos que, en esos cargos o antes, como ministro en España, ha vivido en los últimos veinte años en la esfera internacional. Esa vivencia queda reflejada en las páginas de su libro «Reivindicación de la Política», escrito en conversación con Lluis Bassets.
—¿Piensa que el movimiento de respuestas en la calle que se está dando en Francia a las medidas del Gobierno de Sarkozy se puede extender a otros países, como España?
—No creo que vaya a más. En España ha habido una huelga general, pero no creo que vaya a haber un movimiento europeo alarmante como contestación a unas medidas que, en el fondo, como las encuestas y los comportamientos ponen de manifiesto, las personas saben que son necesarias, les gusten más o menos.
—¿Ha sabido dar Europa una respuesta a esa crisis?
—Europa ha dado una respuesta mejor de lo que muchas veces se explica o la gente intuye. Cuando se produjeron los temas difíciles en el área euro, la respuesta fue fulminante y rápida. El último Ecofin ha sido importante, decidiendo sobre cómo se puede reforzar el gobierno de la zona euro y qué medidas tomar para hacer más exigentes los compromisos que adquiere cada país miembro del euro.
—¿Esas medidas deben ser automáticas?
—Cuanto más automáticas sean, mejor. Cuanto mas claras sean las normas, mejor para los que tienen que cumplirlas.
—¿Ha perdido Europa peso internacional, en detrimento de países como China o Brasil?
—Lo que está pasando es que hay unas transferencias de poder extraordinarias del mundo atlántico hacia el mundo del Pacífico, que no se daban desde hace mucho tiempo. No quiere decir que unos bajen. Lo que se ve claramente es que unos suben. Lo cierto es que ahora, en el momento de tomar decisiones no puedes dejar al otro lado de la puerta a países como China, Brasil, India o México. Tienen que estar en la mesa de toma de decisiones desde el inicio. Hoy no se puede resolver casi ningún problema sin contar con China en el ámbito económico y sin contar con otros países en el ámbito de la seguridad.
—Tal vez por ello, Estados Unidos parece volverse hacia estos países, dejando algo de lado a Europa…
—Disiento de esa idea. Para Estados Unidos, Europa no es ya parte del problema. Durante mucho tiempo, las relaciones con Europa para Estados Unidos han estado basadas en los temas de seguridad. Afortunadamente, todo eso ha desaparecido de la mesa. Deberíamos estar contentos de tener una relación absolutamente normalizada. Hablamos de los temas que hay que hablar, que son muchos, pero no sobre nuestra seguridad, sino para ver cómo cooperamos en la seguridad de otros y en la resolución de los problemas de naturaleza económica.
—En su libro revela una gran frustración por no haber podido avanzar en la solución al conflicto de Oriente Próximo. ¿Por qué los israelíes no nos quieren a los europeos en esa negociación?
—Tengo una gran tristeza por no haber sido capaz en todos estos años de cooperar en dar un impulso mayor junto a Estados Unidos y los países árabes en ese conflicto. Viví muy intensamente la época de Camp David con Clinton. En la época Bush no se hizo prácticamente nada hasta el segundo mandato, seguramente demasiado tarde. Obama ha empezado muy temprano y, aunque todas las dificultades están sobre la mesa, el hecho de haber empezado tan temprano da una cierta esperanza de que se pueda avanzar a lo largo del mandato. La situación ha cambiado en Oriente Medio. Irán es hoy una potencia más importante de lo que lo era antes y hay un deseo más claro de los países árabes de cooperar en la búsqueda de una solución. Para Israel es fundamental la confianza americana y, ciertamente, no tiene con nosotros los europeos la misma confianza.Eso forma parte de una historia que, con el tiempo se olvidará o se irá difuminando, pero que hoy dificulta que haya esa confianza.
—Usted califica de gravísimo error la guerra de Irak. ¿Cree que perjudicó la búsqueda de una solución en Afganistán?
—La guerra de Irak, en cierta manera, impidió o retrasó el concentrarse en la situación en Afganistán. Ahora tenemos un Irak que todavía no es estable y un Irán mucho más potente de lo que era entonces.
—¿Debe España mantenerse hasta el final en Afganistán?
—España tiene un compromiso que debiera mantener hasta que todos los países que están comprometidos decidan tomar las medidas pertinentes. Y puede empezar, inicialmente, la retirada a finales de 2011.
—Las relaciones con Estados Unidos son ahora mejores, pero ¿cree que aún quedan restos de antiamericanismo en España?
—Yo creo que ya no hay antiamericanismo en España.
—¿Le parece a usted que, cómo dice el PP, la política exterior española es débil, por la actitud mantenida en algunos casos, como las relacio nes con Marruecos, Venezuela o el Reino Unido, con Gibraltar?
—Preferiría no emitir juicios sobre nadie, pero no creo que España haya perdido posiciones en la esfera internacional y espero que no las pierda nunca.
—Los ministros europeos de Exteriores se pronunciarán mañana sobre si modifican la Posición Común de la UE sobre Cuba, como desea España. ¿Ha hecho Cuba lo suficiente para que se modifique?
—A mi me gustaría que Cuba hiciera, no algo más, sino mucho más. Si alguna matización en la Posición Común se pudiera hacer, tendría que venir acompañada por pasos más claros y directos por parte del régimen.
—Entonces, no cree que sea suficiente el haber excarcelado a presos de conciencia…
—Me gustaría que fuera más allá de la liberación de presos que, por supuesto, es muy importante, porque no debería haber ninguno. Pero también debería empezar a hacer algunas reformas económicas mucho más claras y rápidas. La solución a los problemas cubanos pasa por un cambio y cuanto antes lo hagan, mejor.
—¿Debería España reconocer la independencia de Kosovo?
—En las últimas semanas ha habido un cambio importante por parte de las autoridades serbias. La declaración del presidente Tadic en la ONU ofreciendo una mano tendida al diálogo con Kosovo, es relevante. El asunto debería resolverse. Y todo lo que uno pueda hacer para ayudar sería bueno. No sé si un reconocimiento inmediato por parte de España, porque es difícil para un país cambiar de posición, pero sí adoptar una posición que cooperara, de manera activa, a que se encuentre la fórmula para una solución definitiva.
—¿Quiere decir que España no debería cerrarse al reconocimiento de Kosovo?
—No creo que España se haya negado «in aeternum» al reconocimiento de Kosovo.
Noticias relacionadas
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete