La Unión Europea pierde poder en el FMI en favor de los países emergentes
El G-20 pacta que las naciones avanzadas cedan un 6% y dos asientos del Directorio Ejecutivo a China, India, Brasil y Rusia
Que el mundo está cambiando es una realidad innegable de la que ya empiezan a enterarse hasta los «Masters del Universo» que controlan las finanzas internacionales. Por sorpresa, los ministros de Economía y gobernadores de Bancos Centrales del G-20 acordaron ayer una trascendental reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) para dar más voz y voto a los países emergentes, como China, la India, Rusia o Brasil.
El encuentro, que se celebraba en la ciudad surcoreana de Gyeongju para preparar la cumbre del 11 y 12 de noviembre en Seúl, tenía como objetivo sellar la paz en la «guerra de las divisas». Pero, ante la falta de medidas concretas para atajar dicho problema, el G-20 optó por reconocer algo que estaba mucho más claro: el cada vez mayor peso de las potencias en vías de desarrollo ante el declive de las sociedades industrializadas.
Los países más avanzados, sobre todo los europeos, cederán hasta un 6% de su poder de decisión a las naciones emergentes. Aunque Estados Unidos seguirá conservando su cuota del 17%, seguido de Japón (6%), la más beneficiada será China, que se coloca en tercer lugar tras superar a Alemania, Francia y el Reino Unido. Por su parte, la India pasa al octavo lugar desde el undécimo y Rusia y Brasil también adelantan posiciones y se cuelan en los diez primeros puestos.
Todo ello a costa de Europa, que además cederá dos de los 24 asientos en el influyente Directorio Ejecutivo del Fondo. El año pasado, los países desarrollados se habían comprometido a transferir hasta un 5% de su cuota, pero este aumento refleja la importancia de las potencias emergentes como motores de la recuperación para salir de la crisis.
«Es un momento histórico porque se trata de la mayor reforma en el FMI», dijó Dominique Strauss-Kahn, su director gerente, que aglutina 187 Estados y fue fundado junto al Banco Mundial mediante los Acuerdos de Bretton-Woods (1944) para velar por la estabilidad económica del planeta tras la Segunda Guerra Mundial.
Un contexto histórico, marcado por la división entre el capitalismo y el comunismo, que no se parece al mundo globalizado del siglo XXI, como recordó el ministro de Finanzas indio, Pranab Mukherjee. «Nuestra queja era que las cuotas debían reflejar la realidad y las fuerzas económicas actuales; de lo contrario habrían erosionado la credibilidad de la institución», señaló.
Desde que, bajo la dirección de Rodrigo Rato, el FMI decidiera adaptarse a los nuevos tiempos en la cumbre de Singapur de 2006, este organismo ha revisado al alza el papel de los gigantes en ascenso, entre lo que figuran países como Arabia Saudí, México, Corea del Sur y Turquía, en detrimento de potencias europeas como Italia, España, Holanda o Bélgica.
Todo ello para dotar de «legitimidad, efectividad y credibilidad al FMI para fortalecer su apoyo al sistema monetario y financiero internacional». Así consta en la declaración final de los ministros de Economía del G-20, cuyos miembros incluyen a los países más desarrollados y a las potencias emergentes y suman el 90% del Producto Interior Bruto global, el 85% del comercio internacional y dos tercios de la población mundial.
Terciando en la «guerra de divisas» que enfrenta a EE.UU. y Europa con China y otras naciones exportadoras, dicho comunicado tampoco se olvidó de rechazar «las devaluaciones competitivas» y recomendó «moverse hacia tipos de cambio basados en el mercado». Pero no hubo consenso sobre las medidas a tomar, como demuestra el rechazo a la propuesta del secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, de limitar los superávits y déficits corrientes a un 4% del PIB nacional desde 2015. Una idea que, a juicio del ministro de Finanzas nipón, Yoshiniko Noda, sonaba «poco realista» en plena liberalización de la economía global.
Así pues, quedan pendientes para la cumbre del G-20 en Seúl importantes asuntos como la tasa bancaria, los desequilibrios comerciales y la manipulación de las divisas para fomentar las exportaciones.
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