Un país con una tasa de paro del 43% tiene un problema serio. Corre el riesgo de perder una generación entera, porque no hay que ser Premio Nobel para entender que un joven que ha cumplido 26 años sin estudiar ni trabajar presenta serios problema de integración social y está condenado a la marginación laboral. El paro juvenil casa mal con el buenismo dominante, con el derecho de emancipación subvencionada por el Estado, con el subsidio por no hacer nada. La última propuesta electoral del candidato Montilla, una paga oficial de 633 euros mensuales a la generación ni-ni es el paradigma de todo lo que no funciona en el pensamiento dominante. Los jóvenes son víctimas de una sociedad injusta. Su marginación no es responsabilidad suya sino de una economía que no ha sido capaz de ofrecerles un trabajo atractivo, cómodo, bien remunerado y poco exigente. Hemos pasado del pecado original al derecho a la felicidad. Sin esfuerzo, sin compromiso, solo por el hecho de ser catalán, o español porque no duden que esta propuesta se generalizará en la próxima campaña autonómica.
Díaz Ferrán tendrá serios problemas empresariales. Habrá sido un polémico presidente de la patronal. Pero tiene razón cuando afirma que de este crisis solo saldremos trabajando más y cobrando menos. ¿Qué otra cosa significa recuperar la competitividad? El salario mínimo es un obstáculo serio a la creación de empleo juvenil. Como la actitud sindical oponiéndose al contrato de aprendiz. Gritar como el ministro de Fomento que los empresarios ganan mucho con el esfuerzo de otros dará votos, aunque ni siquiera lo creo, pero no ayuda a recuperar el atractivo de nuestra economía. Nos acerca a Chávez, no a Piñera. ¿De verdad, creen ustedes que el rescate de los mineros hubiera sido posible en Venezuela?, ¿a dónde aconsejaría emigrar a sus hijos?