Coalición Canaria, 16 años gobernando en la sombra
La formación recoge los frutos de un proceso de malabares políticos, sin parangón en la política nacional, cuya naturaleza pasa desapercibida a la pupila nacional

La historia de Coalición Canaria es la de un partido que ha sido llave en muchos e importantes momentos para los gobiernos de todo color y condición.
Desde 1993 tiene además la manija de gobernabilidad regional en las Islas, una herramienta con la que ha apretado las tuercas a Madrid mientras hacía y deshacía pactos de Gobierno en Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas de Gran Canaria, según tocase la sede del Gobierno, cada dos años, para repartir poder en la única comunidad bicapitalina de España.
El juego es aparentemente sencillo, y de una c omplejidad tan intensa como la del propio partido protagonista.
Apoyo al gobierno sea del signo que sea . Rupturas incondicionales con el partido con cuyos votos consiguen la presidencia regional, y uso continuo de la tensión a uno y otro lado del Atlántico para hacerse con las competencias y mejoras presupuestarias que han considerado. Nada diferente a lo que, con menos frecuencia y eficacia, han hecho CiU y PNV con las mayorías insuficientes a las que han llegado a respaldar.
Nunca, eso sí, han tenido la llave del oxígeno tan a mano como ahora. Y mientras apuran con Zapatero lo que otros gobiernos han negado a Canarias durante décadas , mantienen un pacto cordial con el PP en las Islas .
El propio desbloqueo del Estatuto de Canarias (PDF) es, o al menos lo era hace apenas dos años, una bofetada al PP, que se opuso en su día, mientras el PSC- PSOE, que ahora da su visto bueno, defendía lo junto a Coalición Canaria . El anterior gobierno nacionalista nunca llegó a sellar el pacto con el PSC-PSOE por el que sin embargo sí recibió apoyos.
Desde el «decretazo social» de mayo Coalición Canaria ha dado su apoyo al Gobierno acorralado de Zapatero . Ahora, recoge sus frutos.
Reivindicaciones amarilleadas por el tiempo cuya aplicación y fines exactos nunca han sido suficientemente explicados , como la delimitación de las aguas territoriales, y sobre los que existen voces discrepantes incluso dentro de la propia Coalición , son el pago al visto bueno de CC a la reforma laboral y, más importante, al pacto inminente sobre las pensiones.
El germen del partido son las AIC ( Agrupaciones Independientes de Canarias) partido que, a través de una moción de censura, desaloja del poder al PSOE de Jerónimo Saavedra en el Gobierno regional en 1993. Gobernaba entonces Felipe González, que sufre en la lejanía el primero de los envites del nacionalismo canario.
La fórmula se va a perpetuar desde el nacimiento del partido, suma de intereses e ideologías dispares desde la izquierda hasta la derecha, desde el independentismo al nacionalismo más que moderado, desde los intereses particulares de una sola de las islas hasta partidos abiertamente españolistas y, sobre todo, mucho político huérfano de la decadente UCD.
Con los 4 diputados obtenidos en las elecciones generales de 1993 comienza el baile en el que siempre han elegido partitura . González, que consigue el apoyo de nacionalistas vascos y catalanes no precisa de los 4 votos de CC, que vota en contra de su investidura.
Sería la última vez que Coalición Canaria diera su voto negativo a la investidura de un presidente. Apoya a Aznar en el 96 y en el 2000 –mientras en Canarias rompe a mitad de legislatura su pacto con el PP-, y hace lo propio con Zapatero en 2004 y 2008 .
El mecanismo de negociación es más complejo, y casi siempre ignorado por los grandes titulares . En el Gobierno canario, los nacionalistas han mantenido y roto pactos con PSOE-PSC y con el PP que se han ido al traste a mitad de legislatura por cuestiones más relacionadas con la política nacional que con la gobernabilidad del Archipiélago.
El juego de las sillas tiene a Coalición Canaria parando la música a su gusto para que uno de los dos partidos –irreconciliables también en Canarias- se siente junto a ellos sin capacidad de exigir demasiado a cambio.
En 2007, cuando Paulino Rivero es elegido presidente de Canarias, lo hace recuperando el pacto con el PP que el anterior presidente había roto menos de dos años antes . Ningunea la victoria electoral de un neófito –en política canaria- López Aguilar, que ve como su partido calla en Madrid para no perder el apoyo –como se ha demostrado, vital- de los diputados canarios en Madrid. Sólo pierde algo de fuerza con la escisión de dos de sus diputados que, no obstante, van a usar su voto en el mismo sentido que sus compañeros.
Rivero completa de este modo la cuadratura del círculo canario, precisamente en el momento en que su partido cuenta con la menor representación de su historia en la Cortes y en las Islas. Frutos de un proceso de malabares políticos, sin parangón en la política nacional, cuya naturaleza pasa desapercibida a la pupila nacional, más centrada en la más evidente presencia de nacionalistas catalanes y vascos, sin reparar en que desde hace cuatro legislaturas CC ha sido la clave.
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