La guerra de divisas amenaza a la mitad de las exportaciones españolas
El dólar se desploma mientras China reconoce que ha acumulado unas reservas de 2,65 billones de dólares en divisas extranjeras
La guerra de divisas entre países desarrollados y emergentes —o Estados Unidos y China, básicamente—, ha dejado en medio del fuego cruzado a la Eurozona, muy tajante en su posición de no entrar en ese juego de la devaluación competitiva de las monedas para impulsar las exportaciones y acelerar así la salida de la crisis. Alemania, gran exportador, está que arde: un euro sobrevalorado por culpa de un dólar y un yuan artificialmente bajos ponen en peligro el motor de su economía. España, a pesar de ser un país de carácter importador, se juega en esta batalla el 44% de sus ventas en el extranjero.
Es el porcentaje de las exportaciones destinado a países fuera de la zona euro, según datos facilitados por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. El resto, el 56%, se queda en la zona euro y, por lo tanto, no se verá afectado. Los sectores más «tocados» por esa batallara cambiaria serían el de bienes de equipo, el de la industria química, el textil o el del automóvil, según las primeras estimaciones del Club de Exportadores e Inversores Españoles. «Es pronto para una valoración exacta, pero está claro que cuanto más exportemos más nos afectará», explica su presidente, Balbino Prieto.
La organización calcula que este año se podría cerrar recuperando las cifras de negocio de 2008 —cuando el volumen de las exportaciones ascendió a 189.228 millones—, tras un 2009 «fatal». El pasado ejercicio, las empresas españolas realizaron exportaciones por valor de 158.254 millones, según las cifras del Instituto Español de Comercio Exterior.
«Esto no nos beneficia para nada», lamenta Prieto, quien recuerda que las grandes empresas están sobrellevando mejor la crisis gracias a las exportaciones, sobre todo las de energía y textil. «Es que, además, con ellas se pueden mantener las plantillas aquí en España», dice. Y el consenso de los economistas augura que las exportaciones son la base para abandonar la recesión económica, más incluso que el consumo nacional.
Quizá por eso la alarma sobre los efectos perniciosos de una guerra de divisas saltó con tanta fuerza. «Si el euro se sigue apreciando a estos niveles, el efecto será claramente negativo para las exportaciones», apunta Ángel Laborda, director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), quien, aun así, ve en esta crisis una oportunidad para España. «De forma directa le viene bien, por ser un país importador», señala Laborda, que explica que la devaluación de monedas extranjeras puede provocar un abaratamiento de las importaciones españolas.
La adquisición de productos intermedios o energía tendría ahora un coste menor. Entre los principales países a los que España compra están China (10.361 millones en lo que va de año), Reino Unido (6.265 millones) y Estados Unidos (5.357 millones), cuyos reguladores han intervenido, de una u otra manera pero siempre a la baja, el precio de su moneda. «Al final, una cosa compensaría la otra y se podría decir que es bueno para España», calcula Laborda, que, al mismo tiempo, reconoce que es una situación que afecta de forma indirecta a nuestro país por la pérdida de competitividad de Alemania, que ve lastradas sus exportaciones.
Tanto el Gobierno de Angela Merkel como el Bundesbank rompieron en las últimas fechas el silencio europeo plantando cara a Estados Unidos y China, acusándolos de devaluar «artificialmente» sus monedas. Quizá con un mensaje mucho más contundente que el de todos los organismos internacionales —FMI, Banco Mundial, OCDE y Banco Central Europeo—, que a principios de la semana pasada alertaron de los graves riesgos del proteccionismo cambiario para la recuperación económica y pidieron volver al consenso global para salir juntos de la crisis. Pero ese acuerdo no llega. Más bien todo lo contrario.
La tensión sube de tono
La reserva de divisas extranjeras de China, la más grande del mundo, alcanzó la cifra récord de 2,65 billones de dólares en el tercer trimestre de 2010, lo que supone un aumento del 16,5% en el último año, según informaron ayer las autoridades chinas. Ese aumento, según el economista Sun Shijian, «está hecho para soportar la presión extranjera que reclama una revaluación más rápida del yuan».
Por eso, ayer, el dólar se desplomó: cerró en mínimos desde julio de 2005 frente al yuan (0,15 dólares), desde hace 15 años contra el yen japonés (81,43 dólares) y desde enero ante el euro (1,41 dólares), que «está pagando los platos rotos», dice Laborda, de esta guerra de divisas que ha subido de tono. Singapur e India intervinieron también sus monedas, sumándose a esa estela de países asiáticos que vienen imitando la política monetaria de China, que no muestra intenciones de ceder a las presiones para dejar flotar libremente su moneda. Quizá por eso la Fed estadounidense también prepara su maquinaria para devaluar y jugar con las mismas armas.
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