El nudo corredizo de la deuda española
Confieso que para contemplar cada día la marcha de la coyuntura española no contemplo la evolución del Ibex-35. El porcentaje importante que en él se vincula con los inversores extranjeros y el enlace de la Bolsa española con los internacionales, impide que eso explique al día, la situación de nuestra economía. En cambio sí lo hago con el diferencial del tipo de interés alemán del bono español a diez años. Concretamente, el 24 de septiembre de 2009, ese diferencial era del 0,51%; el 24 de septiembre de 2010, había subido al 1,81%. Ese incremento de los tipos de interés, impuestos por la marcha de nuestra economía, muestran que el nudo corredizo —empleo la expresión que procede del artículo, también sobre esta cuestión de Jacques Attali, «Le noeud coulant»como título del artículo que publica el 18 de septiembre de 2010 en «L'Express». Y viene bien hacerlo en esa fecha, porque el 15 de septiembre de 2008 se anunció la quiebra de Lehman Brothers, dando publicidad clarísima a todo un conjunto de operaciones financieras que, basadas esencialmente en apalancamientos colosales, había generado realidades como esa que se recoge en el libro «La Banque» (Albin Miguel, 2010), de Marc Roche, que mucho informa sobre el sistema de cobertura de riesgos llamado las CDS o «credit default swaps», donde se hallaba la base de la multa de 550 millones de dólares a la que parecía impresionante casa de banca Goldman Sachs, por el denominado «asunto Tourre» el 16 de julio de 2010. La frase, que en ese libro se recoge, de un empresario francés, que atinó a comprender la realidad, es posible que se popularice: «Goldman Sachs no hace nada ilegal, pero tampoco moral».
Por otro lado en España bien sabemos que el auge con el que inició nuestra economía el siglo XVI, en el XVII se había liquidado, dando lugar a una prolongadísima depresión. Uno de los motores se encuentra en una deuda pública enorme, que por ello no se pudo atender. Literalmente, la Monarquía de los Austrias, desde Felipe II, estaba en quiebra.
D Y he aquí que España, para crecer y esquivar los problemas de permanecer con una economía poco competitiva, dentro de una economía abierta y que, al hallarse en la zona del euro, no podía efectuar ajustes propios en tasas de interés y tipos de cambio, al tener inflación alta respecto a los miembros de la eurozona, y por ello, tipos de interés cero o negativos, colocó alegremente en su cuello un nudo corredizo con una deuda fortísima. Sus cifras las ha expuesto con claridad María Jesús Fernández, en el artículo «El endeudamiento de los sectores institucionales en España», aparecido en «Cuadernos de Información Económica», julio-agosto 2010. Vemos así que la deuda bruta de España frente al resto del mundo que había sido de 42,8% en 1995, y del 5,1% como deuda neta, descontando la deuda emitida en el resto del mundo en manos de españoles, subió al 166,6% del PIB la bruta y al 89,7% la neta en ambas fechas. Respecto a ésta, según Eurostat únicamente tienen un porcentaje ligeramente superior al español, Portugal y Grecia. Y si lo que contemplamos es el dato de los activos financieros netos frente al exterior, la posición española deudora neta pasaba a ser en 2009 del 90,7% del PIB. Sólo nos superaban un poco Portugal y Grecia y se acercaba mucho Irlanda. Se comprende que éstos son los cuatro países que el mercado financiero mundial contempla cómo sobre ellos la cuerda se desliza por el nudo corredizo de modo amenazador. Grecia ya está casi ahorcada; el pánico ante Irlanda se hizo evidente el 17 de septiembre de 2010 en todos los mercados bursátiles. Y he aquí que España parece haberse lanzado, después del déficit colosal del sector público en 2009, en el que obligamos, con más del 11% de saldo negativo, a lanzar unas emisiones de deuda pública de variado tipo, a que el nudo corredizo prosiga su avance. Y de pronto, lo aprieta más Moody's el 30 de septiembre de 2010, con una reacción instantánea: el diferencial con el bono alemán a 10 años saltó a 1,85 según ThomsonReuters.
Y el ahogo aumenta, porque al aumentar la oferta de la deuda, sube, como vemos, con fuerza el tipo de interés al que se presta, y eso, a una economía en crisis, es tanto como restringir el crédito y mantener la depresión. En un año las cosas han empeorado clarísimamente. Pero cortar ese nudo exige cambiar de arriba a abajo la política económica. No el de intentar colocar deuda en China o en Japón; no el de dar un paso adelante y dos atrás en política presupuestaria. La espada que puede cortar el nudo exige un Alejandro que altere positivamente nuestra competitividad. Pero se necesita precisamente un Alejandro, porque ha de actuar con valentía grande en el terreno energético, en el de las pensiones, en el de la política autonómica, en el de la fiscal, en el mercado laboral, en el de las instituciones. En otro caso, sólo es cuestión de tiempo contemplar la agonía de la vida económica española.
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