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ABC Cultural

Dalí y Lorca: lo que unió la Residencia de Estudiantes que lo separe el surrealismo

CaixaForum Madrid reconstruye en una gran exposición la relación intelectual y artística entre ambos

Dalí y Lorca: lo que unió la Residencia de Estudiantes que lo separe el surrealismo colección fundación lorca

NATIVIDAD PULIDO

De la estrecha amistad entre Federico García Lorca y Salvador Dalí se ha dicho y escrito mucho. No es un asunto novedoso. Pero apenas se había reconstruido hasta ahora (solo parcialmente) la intensa relación intelectual y artística entre ambos, enmarcada en el contexto internacional de las vanguardias.

Es éste el objetivo de la gran exposición inaugurada ayer por la ministra de Cultura, organizada por la Obra Social «la Caixa» y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, con la colaboración de las tres instituciones que más y mejor conocen la vida y obra de estos dos grandísimos creadores: las Fundaciones Gala-Dalí y Lorca, así como la Residencia de Estudiantes —que celebra este año su centenario—, marco donde se desarrolló tan fructífero diálogo entre finales de 1922 y 1929. Siete años que dieron para mucho. Para la ocasión, la Residencia ha recreado una de las habitaciones tal y como era entonces.

Un joven Dalí llega con 18 años a Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes. Es 1922. Se instala en la Residencia de Estudiantes. Tres años antes había llegado a la institución Lorca, que era unos años mayor que él. El poeta granadino era conocido, amigo de Falla y Barradas... El pintor catalán era más cosmopolita y conocía muy bien la vanguardia (cubismo, futurismo...) a través de amigos y familiares, y de la librería Verdaguer, cuyo propietario era su tío. El encuentro entre ambos fue, según Juan José Lahuerta, comisario de la exposición, «magnífico». Dos ciclones de la naturaleza juntos solo podían provocar una explosión de talento.

Es especialmente atractiva la muestra porque, gracias a la exhaustiva investigación de Lahuerta, se da una nueva reinterpretación, reconstruyendo un diálogo artístico que va más allá de una profunda amistad: conocemos de primera mano los movimientos artísticos que interesan a Lorca y a Dalí, a los que se adhieren y a los que no, los que ls acercan y los que ls separan, sus altas discusiones sobre el arte de vanguardia europeo...

Y todo ello a través de 350 obras. Partiendo de cartas, postales, poemas y documentos, el espectador va descubriendo sus gustos y sus fobias intelectuales, que se ilustran con obras de importantes maestros del siglo XX. En esos siete años Lorca y Dalí se retratan mutuamente, mantienen una correspondencia muy fluida, Lorca escribe en 1926 «Oda a Salvador Dalí» y el pintor publica en 1927 el artículo «San Sebastián» dedicado al granadino. Tuvieron un proyecto en común, «El cuaderno de los putrefactos», que nunca vería la luz (Lorca lo abandonó). Ambos aceptan los presupuestos del purismo creado por Le Corbusier y Ozenfant, admiran a Miró, discuten sobre Poussin, viajan juntos a Cadaqués, como años antes hicieron Picasso y Derain...

Marineros, prostitutas y la luna entran en las obras de ambos. Dalí se enfrenta a Picasso y se acerca al arte metafísico de Morandi y De Chirico. Poco a poco, la amistad se va debilitando y comienza a haber desacuerdos en sus discusiones artísticas. Dalí critica el «Romancero Gitano» de Lorca. Éste no ve con buenos ojos el coqueteo de Dalí con el surrealismo y critica la «estética fisiológica» del pintor catalán. Se atisba ya la ruptura de la relación, que parece inevitable por la radicalidad de Dalí. Lorca no firma el «Manifest Groc» que había promovido Dalí y éste apenas se compromete con la revista «Gallo», impulsada por Lorca. El distanciamiento es ya insalvable. En 1929 Dalí viaja a París y Lorca a Nueva York. A partir de entonces tan solo habrá algún contacto esporádico.

La exposición se completa con un catálogo que apunta a ser de referencia, conciertos a cargo de la Orquesta Nacional de España (26-28 de noviembre), en los que participará Estrella Morente, y el estreno de un documental, «Coloquio en la Residencia», dirigido por Manuel Gutiérrez Aragón, que aborda la relación del pintor y el poeta —interpretados por Alberto Amarilla y Víctor Clavijo— a través de una lectura dramatizada de fragmentos de su correspondencia.

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