RECELO cuando alguien se llena la boca de principios y valores porque sabemos que los dirigentes más estimables apelan poco a las normas que rigen sus vidas públicas y privadas. A Zapatero le han preguntado por sus principios tras perpetrar una reforma laboral que los sindicalistas asalariados se han tomado como algo personal. Los parados, no sabemos. Por no saber, queda sin respuesta la pregunta de Máximo en ABC: ¿Y cómo se ejerce el derecho de huelga desde el paro?Ande, Méndez, responda; vamos Toxo, dígales algo que no lleve la música de una balada puta y resabiada.
Sabemos que la reforma la ha hecho obligado; confirmamos que no está en el programa socialista, y sin embargo el presidente dice que no ha traicionado sus principios. Me lo creo. Sólo él puede mantener un discurso así con una huelga general convocada y al frente de un país que es solar laboral de las economías avanzadas. Que siendo esto así, que en España se concentre el 60 por ciento de los parados de toda la Eurozona y venga Zapatero a hablarnos de los principios no traicionados suena a desafío. A ver si ha sido la realidad la que ha traicionado a nuestro presidente, o la actualidad, o los que le votaron y ya no le votarán, o los trabajadores. Zapatero no lo sabe, pero se lo debían recordar: es más fácil luchar por unos principios que vivir en consonancia con ellos.
No es lo peor que Zapatero afirme con una frialdad que te hace pensar que sus principios están intactos. Lo inquietante es que se lo crea. No puedo imaginar qué hay en su cerebro, aunque puedo imaginar que, rodeado de siseñores y loqueustedmandepresidente, haya terminado por pensar que cambian los demás. ¿No habrá nadie que le recuerde que equivocarse es la forma de libertad más difícil de conservar? La putada, la gran putada, como dice Toxo, debe de ser dirigir un país de desalmados, de canallas y granujas que escriben en los periódicos y hablan por las radios. Con un dirigente así lo mejor es no pensar mucho el futuro. El suyo resulta irrelevante, el de España en sus manos, no. Si no es capaz de percibir en lo más hondo que se está traicionando, malo; si no se da cuenta, peor.
Daremos por bueno lo que suceda, como dicen en La Habana. Aunque no me resigno. Si la ausencia de principios es pura retórica, tragaremos sin esfuerzo lo que tanto criticamos, y terminaremos viendo con placidez cómo pasan las turbulentas aguas bajo el puente. Corremos el riesgo de que las palabras de Zapatero no nos escandalicen, y de que la inacción de Rajoy termine por producir un efecto adictivo que haga que la fuerza de la costumbre lo justifique todo. Se tienen los principios sin apelar a ellos. El presidente no quiere desvelar su futuro. Rajoy espera con indolencia a que llegue mientras sus colaboradores reciben pisos de dos en dos. Si, Toxo, si: La Gran Putada es esto. No le des más vueltas.