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EPOC, obsesión por respirar

Asociada al tabaco, mal diagnosticada y tratada de forma incorrecta, la detección precoz es la asignatura pendiente

EPOC, obsesión por respirar ernesto agudo

pilar quijada

Algo tan «simple» como respirar se convierte en una obsesión para la mayoría de los enfermos de EPOC. Cuatro letras que cambian la vida de forma irreparable aunque sólo una minoría conozcan su significado y sus repercusiones para la salud. Detrás de ellas se esconde la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, una epidemia «desconocida», a pesar de que afecta a un millón y medio de españoles, como se puso de manifiesto en el último foro de Salud de ABC celebrado el pasado día 2 de septiembre, copatrocinado por la compañía Nycomed y presidido por la consejera de Sanidad de la Generalitat de Cataluña, Marina Geli.

La EPOC comienza a manifestarse de forma insidiosa, «con esa tos que me entra al levantarme» de la canción de Serrat y que quienes fuman asiduamente consideran ya casi «normal». Avanza con cada calada y con los vagos deseos de dejar el tabaco que refleja tan bien el cantautor catalán: «Enciendo un cigarrillo y otro más / un día de estos voy a plantearme / muy seriamente dejar de fumar / con esa tos que me entra al levantarme».

Y es que, como su nombre indica, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica consiste en una obstrucción crónica y poco reversible de los bronquios que dificulta progresivamente la respiración y que está provocada por una reacción inflamatoria anómala desarrollada en la mayoría de los casos en respuesta al tabaco, el factor de riesgo más importante, como resaltaba en el Foro la presidenta del Comité Nacional de Previsión del Tabaquismo (CNPT) y especialista en Medicina del Trabajo, María Ángeles Planchuelo.

Uno de cada dos fumadores acabará desarrollándola, advertía recientemente la revista médica «The Lancet», y uno de cada tres tendrá que dejar de trabajar por este motivo. En una década, en 2020, se habrá convertido en la cuarta causa de muerte. Y en España estas cifras irán en alza, a la vista de las estadísticas que nos sitúan a la cabeza de Europa en consumo de tabaco en la adolescencia y en los primeros puestos del mundo en el caso de las mujeres.

Pese a todo, un 70 por ciento de quienes padecen EPOC permanecen sin diagnosticar, porque otra asignatura pendiente de esta patología, además de su desconocimiento por parte de la sociedad, es la detección precoz. Para Julio Ancochea, coordinador científico de la Estrategia Nacional y jefe de servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa, está claro que «lo primero para diagnosticarla es pensar en esta enfermedad respiratoria».

Detección precoz

Como recoge la Estrategia nacional, la sospecha debe aparecer en el profesional médico ante un paciente —hombre o mujer— mayor de 40 años, fumador o ex fumador de una cajetilla diaria durante 10 años, que tose y expectora. Así se consigue una detección precoz, que evitaría llegar al diagnóstico con la enfermedad ya avanzada, cuando la fatiga dificulta, y en ocasiones impide, realizar tareas cotidianas como subir escaleras, caminar, permanecer de pie largo rato... Porque si algo caracteriza a esta patología es la pérdida de capacidad pulmonar que se traduce en sensación de ahogo casi contínua en los casos graves. «La falta de aire es peor que tener dolor», señalaba la consejera de Sanidad de Cataluña, Marina Geli, que de forma muy gráfica explicaba que «tener EPOC significa vivir ahogándote».

Y es que cuando se tiene un trastorno respiratorio como este, algo natural como la respiración, que se lleva a cabo de forma automática, se vuelve una tarea difícil. Para muchos enfermos de EPOC, la botella de oxígeno se convierte en compañera inseparable 16 horas al día, y, aunque no disminuye la sensación de ahogo, constituye una parte importante del tratamiento.

La prueba que delata las secuelas que ha dejado el tabaco consumido de forma habitual es una espirometría forzada, que evalúa la capacidad pulmonar. Una prueba que en opinión de los expertos debería formar parte de programas de cribado dirigidos a las personas mayores de cuarenta años con sintomatología respiratoria. El ámbito de aplicación, la Atención Primaria, sin necesidad de acudir al especialista.

Sin embargo, la espirometría confirma pero no descarta la existencia de EPOC, como explica Julio Ancochea: «En el 80 por ciento de los casos esta prueba va a ser normal. Pero los tosedores y expectoradores crónicos con espirometría normal ya tienen inflamación de las vías respiratorias. Y esto hay que explicárselo al paciente, y va a marcar la tendencia del tratamiento en el futuro. El mensaje positivo al paciente debe ser: no tiene EPOC, deje de fumar ahora que todavía está a tiempo», porque las vías respiratorias ya están «tocadas».

Y es que, en muchas ocasiones, con esta prueba se consigue el efecto contrario al buscado, como recordaba la Consejera Geli. «Pasar» la espirometría se convierte entonces en salvoconducto para seguir fumando hasta una nueva cita, al año siguiente, en el mejor de los casos. De ahí que la mejor prevención sea dejar de fumar, porque como señalaba José Luis Izquierdo, jefe de la sección de Neumología del Hospital Universitario de Guadalajara, «la gente desconoce las consecuencias de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, creen que tosen y no pasa nada. Y no saben que disminuye la calidad de vida y provoca muertes».

Mejor formación

Izquierdo hizo una llamada de atención también a los médicos: «Si no hay una buena formación de los especialistas el tratamiento será peor. Hay estudios que indican que se trata igual la EPOC que el asma y no es la forma más adecuada de hacerlo. Y esto se debe a la falta de formación. Tratarla mal cuesta mucho dinero, porque el paciente acabará en el hospital. En España gastamos el doble para combatirla que en el resto de los países industrializados», advertía.

El próximo día 14 de septiembre tendrá lugar la revisión de la Estrategia Nacional de EPOC y se pondrá de manifiesto la necesidad de disponer de los medios adecuados en Atención Primaria para garantizar que la espirometría se realice en condiciones de calidad. En este sentido, Paloma Casado, vicepresidenta de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), señalaba que no es una técnica sencilla y en Atención Primaria no disponen del personal de enfermería especializado, de ahí que se derive a los pacientes a la asistencia especializada. Algo que no ocurre en Cataluña, donde no se puede acudir al neumólogo si no se ha realizado la espirometría en el primer nivel asistencial, explicaba la consejera.

Enfermedades asociadas

La EPOC no se queda sólo en síntomas respiratorios. La incidencia de cáncer de pulmón en fumadores con esta patología es de dos a cinco veces mayor, explicaba Ancochea. «Se cree que la inflamación crónica podría actuar como un amplificador de los procesos que conducen al cáncer». Esa inflamación junto con la inactividad a que obliga la falta de aire favorece la aparición de debilidad muscular, osteoporosis, osteopenia, diabetes, afecciones cardiovasculares, hipertensión, colesterol o apnea del sueño. En total, más de una veintena de patologías asociadas cuya conjunción plantea la cuestión de quién trata al paciente de EPOC. De nuevo las miradas se dirigen a la Atención Primaria, cuya vicepresidenta, Paloma Casado, cree necesario un protocolo de seguimiento que estandarice la actuación.

La depresión encuentra también en estos pacientes terreno abonado y puede empeorar seriamente su estado de salud. «Su vida es un mundo de renuncias progresivas, cada vez les cuesta más hacer menos y se ven como una carga están tristes y frustrados», señalaba Ancochea.

Calidad de vida

A pesar del «negro» panorama, los tratamientos actuales dejan paso al optimismo pues permiten aliviar síntomas y disminuyen los ingresos. «Con los fármacos actuales se consigue una mayor tolerancia al esfuerzo y mejor calidad de vida», resalta el presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, Juan Ruiz Manzano. Este especialista aboga por «revertir la actitud nihilista que cala incluso entre los profesionales. Hemos de convencer a facultativos y pacientes para que mantengan el tratamiento, que mejorará sus síntomas y evitará ingresos hospitalarios». Y es que, en esta enfermedad crónica, como en otras muchas, uno de los caballos de batalla es la adherencia al tratamiento, «que se ha mostrado científicamente eficaz, y que no sólo detiene el avance sino que mejora la supervivencia. Es un mensaje positivo que hay que transmitir», recalca el presidente de los neumólogos.

Los últimos avances en enfermedades respiratorias y en EPOC serán debatidos en el congreso de la European Respiratory Society, que se celebrará en Barcelona del 18 al 22 de septiembre.

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