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Putin y Medvédev no quieren ni recordar la tragedia del «Kursk»

Se cumplen 10 años de la tragedia del submarino en el que murieron 118 marinos. Las familias están indignadas por la actuación de los líderes rusos.

reuters

RAFAEL M. MAÑUECO

Puede que las altas autoridades del Estado no estén obligadas a participar cada aniversario en las ceremonias fúnebres en recuerdo de los 118 marinos que perecieron bajo el mar cuando se hundió el submarino nuclear «Kursk», «pero hacerlo una vez cada 10 años no estaría de más como forma de apoyo y consuelo a las madres y esposas que perdieron a sus seres queridos», dijo este miércoles uno de los asistentes a la ofrenda floral organizada ante la placa conmemorativa del trágico accidente en el Museo Central de las Fuerzas Armadas de Moscú.

Ni el presidente Dmitri Medvédev ni el primer ministro Vladímir Putin acudieron a ninguno de los numerosos actos celebrados ayer a lo largo y ancho del país.

Por lo menos una veintena de miembros de la tripulación podrían haberse salvado, si se hubiera activado de inmediato el correspondiente dispositivo, pero no fue el caso. Ni siquiera demostraron transparencia, las primeras informaciones del suceso empezaron a difundirse dos días después de la catástrofe .

Tan tristes recuerdos estuvieron ayer presentes otra vez en el pensamiento de familiares y compañeros de los 118 militares muertos. Hubo misas en todas las bases navales de la Armada rusa, desde Kamchatka a Kaliningrado. También en la base de la Flota del Norte, en Múrmansk, de donde zarpó el navío en su última y trágica singladura.

El estandarte con la cruz de San Andrés, enseña de la Marina rusa, fue izada a media asta y se guardó un minuto de silencio. Se oficiaron responsos también en el cementerio Serafímovski de San Petersburgo, en donde están enterrados 32 marineros, en la iglesia de Vidiáyevo, localidad en donde vivía la mayoría de la tripulación, y en Kursk, región rusa que dio nombre al submarino y de la que procedían 12 hombres de su dotación. Moscú fue también escenario de varios actos, uno de ellos en el submarino B-396, convertido en museo y expuesto en el parque de Túshino.

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