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Más de 75.000 uzbecos huyen de Kirguistán por la ola de violencia

Los muertos en los enfrentamientos entre kirguises y uzbecos ascienden al centenar. Rusia enviará a sus paracaidistas para proteger su base aérea cercana a Bishkek

AP

rafael m. mañueco

El Gobierno interino de Kirguistán, presidido por Rosa Otunbáyeva, que lleva en el poder desde que fue derrocado en abril el presidente Kurmanbek Bakíev, continúa sin poder controlar la situación en el sur del país, en donde por tercer día consecutivo no cesan los enfrentamientos entre kirguises y la minoría uzbeca.

El número de muertos se aproxima ya al centenar y el de heridos a 1.200. Después de que el sábado Rusia rechazase, al menos de momento, la petición de ayuda militar propuesta por el Gobierno kirguís, el Ministerio de Defensa dispuso ayer la movilización de reservistas de hasta 50 años de edad. Los actuales efectivos empleados por la Policía y el Ejército están siendo insuficientes para detener las hostilidades.

Lo que sí ha hecho Moscú es enviar a su base aérea de Kant, situada en las afueras de Bishkek, la capital kirguís, un batallón de paracaidistas para reforzar la guarnición y proteger las instalaciones y a los militares allí acantonados con sus familias. Grupos incontrolados intentaron el sábado convertir la capital en otro campo de batalla, pero las fuerzas de seguridad lo impidieron.

Por ahora, los desórdenes se concentran en las localidades sureñas de Osh y la vecina Jalalabad, situadas ambas junto a la frontera con Uzbekistán. Los enfrentamientos comenzaron el jueves por la noche en Osh después de una gigantesca reyerta entre jóvenes kirguises y uzbecos a la salida de una discoteca.

Los revoltosos se están dedicando a quemar viviendas, vehículos y establecimientos pertenecientes a uzbecos, así como edificios oficiales. Ayer los altercados fueron especialmente violentos en Jalalabad, en donde unos tres mil jóvenes enfurecidos, armados con palos, piedras, cuchillos y algunos con armas de fuego arrasaron desde por la mañana todo lo que encontraron a su paso.

Más de 75.000 uzbecos huyeron ayer de Osh, Jalalabad y otros centros de población en el sur de Kirguistán para refugiarse en Uzbekistán. La información fue difundida por la agencia rusa Ria-Nóvosti, que citaba fuentes del Ministerio de Protección Civil uzbeco. Entre los desplazados había personas con heridas de bala.

El Gobierno kirguís cree que detrás del actual baño de sangre está el depuesto jefe del Estado. Pero Bakíev, exiliado en Bielorrusia, rechazó ayer tal acusación. El ex presidente dijo «no tener nada que ver» con los disturbios y advirtió que, como no se tomen medidas urgentes para detener la sangría, «la propia existencia del Estado kirguís se verá seriamente amenazada».

Bajo el toque de queda

El toque de queda ha sido decretado hasta el próximo día 22 en Jalalabad de seis de la tarde a las seis de la mañana, y en Osh las 24 horas del día, pero los enfrentamientos continúan durante la noche.

La Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) ha enviado a Kirguistán a sus emisarios para ayudar en la búsqueda de una solución al conflicto. Hoy, además se reúnen los secretarios de seguridad de los países miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (ODKB), grupo formado por Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Armenia, Uzbekistán y Tayikistán.

Los enfrentamientos más graves entre uzbecos (un 15% de la población) y kirguises se remontan a 1990.

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