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Florida, el «peligroso» hotel de la Guerra Civil

Día 19/10/2015 - 13.16h

«Se escucha el tiroteo a unas cuantas manzanas. Es una suerte estar tumbado en la cama en lugar de Carabanchel», escribía Hemingway desde su habitación 109, durante el asedio de Franco a Madrid, en 1937

Gran Vía, 1937: «La puerta de mi cuarto está abierta, se escucha el tiroteo del frente a unas cuantas manzanas del hotel. Tiros de fusil toda la noche. Tabletea la ametralladora. Es una suerte estar tumbado en la cama en lugar de Carabanchel o la ciudad universitaria». Así escribía Hemingway, desde su habitación del Hotel Florida, una noche de bombardeos que en plena Guerra Civil.

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Hemingway, tras la Guerra Civil

Las precarias paredes de este establecimiento, situado en la esquina de la plaza de Callao, se hicieron famosas por acoger a la mayoría de los corresponsales extranjeros en el Madrid republicano asediado por las tropas de Franco. En sus mesas se escribieron muchas de las crónicas que ocuparían las portadas de los periódicos más importantes del mundo.

Tenía 200 habitaciones en las que se alojaron fotógrafos de la talla de Robert Capa y Gerda Taro, el escritor de la «generación perdida» John Dos Passos o reporteros históricos como Henry Buckley, de «The Daily Telegraph»; Martha Gelhorn, enviada de la revista «Colliers,s»; Herbet Matthews, de «The New York Times»; Mijaíl Koltsov, del diario «Parvda», del que se decía que tenía línea directa con Stalin, u OŽDowd Gallagher, del «Daily Express», el único extranjero que esperó a las tropas franquistas, estando, como él mismo contó, a punto de ser fusilado.

Hemingway y Gellhorn

Era habitual escuchar el sonido de la máquina de escribir de Hemingway en la habitación 109, que se mezclaba con el olor de los guisos que le hacía su amigo, el torero estadounidense Franklin.

Allí fue, cuenta la biógrafa de Martha Gellhorn, Caroline Moorehead, donde la periodista consumó, entre el murmullo de las balas y el trajín de la multitud del hotel, su relación con Hemingway, convirtiéndose, además, en la coprotagonista de «La quinta columna», la única pieza teatral que escribió el Nobel de Literatura. Algo que hizo precisamente allí mismo, en el Florida y en la que, además, recreó la vida del mítico hotel de la Plaza de Callao.

Antonio Palacios

Un hotel proyectado y construido en mármol blanco por el arquitecto Antonio Palacios entre 1922 y 192. Se encontraba en la línea de fuego de los franquistas y con frecuencia recibía el impacto de los proyectiles del ejército «rebelde» emplazado en el cerro Garabitas, el punto más alto de la Casa de Campo. Geoffrey Cox, enviado del «News Chronicle» inglés en octubre de 1936, prefirió alojarse en el Hotel Gran Vía, porque, decía, «el Florida era entonces muy peligroso por estar muy expuesto».

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Robert Capa, en 1937

Ante la imposibilidad de dormir –en aquella época a la Gran Vía se la conocía como «avenida de los obuses» o «avenida del 15 y medio», por el calibre de las bombas que la asolaban a diario–, los corresponsales se reunían cada noche en el patio del hotel para compartir con alcohol las escenas que habían visto por la mañana en las trincheras.

«Era el lugar donde había que estar», escribió Matthews en «Two Wars and More to Come» (Nueva York, 1938), quien había llegado al Hotel Florida en diciembre de 1937: «Se había convertido en el centro del universo, aunque en aquel momento no era consciente de ello. Lo que sí sabía es que la gran noticia era Madrid».

La reserva de whisky de Hemingway

Durante esos años, los periodistas, como el resto de los madrileños, se veían obligados a gorronear para conseguir todo tipo de alimentos. Fue famosa la enorme reserva de comida y whisky que Hemingway almacenaba en su habitación, así como la bronca que montó cuando le desapareció la mermelada de su armario. O el cuarto de baño de Sefton Delmer, del «Daily Express», repleto de botellas de vino que había comprado a los anarquistas, que a su vez las habían robado del Palacio Real.

Según el también corresponsal de aquella España desangrada, Frank Hanighen, «la Guerra Civil supuso el inicio de una nueva etapa, con mucho la más peligrosa de todas, en la historia del reportaje periodístico». Y muchas de sus páginas se escribieron en un hotel que resistió los impactos de las bombas, pero no el desaforado desarrollo de los años 60 ni la oferta de Galerías Preciados, que compró el edificio y lo derribo para construir su centro comercial.

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