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ABC Cultural

San Isidro: balance y futuro

Demasiadas tardes con resultados paupérrimos. El ganado no es excusa: ha habido muchos toros con posibilidades. A la CAM le toca ahora mover ficha

EFE Bautista, el único matador que salió a hombros en Las Ventas

Después de un mes de mucho aburrimiento, bastantes berrinches y pocas alegrías, se impone el balance. Y, también, sacar alguna lección para el futuro. Esta Feria pasará a la historia, sin duda, por la terrible cornada de Julio Aparicio, que ha conmocionado al mundo entero. Ha sido, también, la Feria de dos ausencias: la de José Tomás, por su grave percance, y la de José María Manzanares, por su operación. Las dos son lamentables pero la primera ha desbaratado especialmente unos carteles que se basaban en buena medida en él.

Todos los abonados con los que he hablado han insistido, sin excepción, en una palabra: aburrimiento. No se olvide que éste es un espectáculo radicalmente popular: aunque se equivoque bastantes veces, el público siempre tiene la razón, en definitiva.

Comencemos por lo positivo. Han triunfado los rejoneadores Ventura y Leonardo Hernández. A pie, ha abierto la Puerta Grande Juan Bautista (¡uno sólo!). Nos ha encandilado el capote de Morante, replicado gallardamente por Luque. Ha «resucitado» El Cid. Han lucido su impávida quietud Castella; su técnica, El Juli; su valor en la pelea Rafaelillo; sus detalles estéticos, Curro Díaz, su avance profesional El Fandi. De los nuevos, la promesa que es Javier Cortés y la confirmación de Juan del Álamo como figura de los novilleros.

Está bien todo esto pero es muy poco para un mes de corridas. El ganado no es excusa: ha habido muchos toros con posibilidades a los que se hubiera debido cortar las orejas. Todos recordamos reses de Cuadri, de El Puerto de San Lorenzo, de Dolores Aguirre, de Victoriano del Río, de El Cortijillo, un gran toro de Palha... Muchos diestros no han estado a la altura. Pero también ha habido demasiados toros flojos, sosos... Otro aspecto decepcionante ha sido el de las corridas que han tenido que ser sustituidas o remendadas. ¿Han fracasado los veedores, los ganaderos o la empresa? Me temo que los tres.

Muchos dijimos que los carteles eran malos y, pese a las declaraciones de algún político, la realidad lo ha confirmado.

La solución no puede ser más de lo mismo. Se discute en los medios cuál es la fórmula jurídica adecuada: todas pueden valer, siempre que no prime el puro criterio económico.

Es la Comunidad de Madrid a la que corresponde ahora mover ficha. No basta con declarar a la Fiesta Bien Cultural. Si todo sigue igual, la afición se lo demandará.

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