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El día que Zapatero la clavó

AHORA que los múridos abandonan el barco del tipo que con más desparpajo ha arruinado a España, periodistas y gacetilleros obran como las hormigas que cuidan a ciertos pulgones para deleitarse con sus secreciones azucaradas.

El ex ministro Molina, que habla como un personaje de los entrevistados por Alberto Guillén en «La linterna de Diógenes» («a mí el presidente me llamó porque mi larga trayectoria en el mundo de la cultura es conocida no sólo nacional sino internacionalmente»), declara que Zapatero lo destituyó por falta de glamour.

-¿La paridad y el glamour son los dos motivos que esgrimió Zapatero para cesarle? -pregunta el periodista.

-Sí, así es -contesta el ex ministro.

El periodista dice «cesarle» porque los periodistas de hoy carecen de la elegancia y de la gramática de Gregory Peck en «Vacaciones en Roma». Para resolver este problema, el director de la Española, Don Concha (como lo inmortalizó Umbral), ha viajado a San Millán de la Cogolla, cuna del primer vagido de la lengua castellana, que es una oración: «Como ayutorio de nuestro dueño dueño Christo...»

-Lo que distingue a un gacetillero de un periodista es el buen uso de la lengua -ha dicho Don Concha en San Millán, no sabemos si mirando a Cebrián, que escribe «dios» con minúscula, a lo Gerundio, y «gobernanza» por «gobernación», quedándose tan contento, aunque ya decía Chesterton que los periodistas y las hadas tienen una alegría aparente y una belleza engañosa.

Con Zapatero en el poder, mejor que la distinción entre periodista y gacetillero me parece la que un amigo hace entre intelectual y escritor al hilo de un episodio de Millás, que daba puñetazos en una mesa para defender la inteligencia de Zapatero ante un socialista andaluz que la ponía en duda. Cerebro del eslogan «Esto sólo lo arreglamos entre todos», Millás mezcla la cólera obrera de Joaquín Dicenta y la gracia sinsorga de Joe Rígoli, y el tósigo deleita a Zapatero, que tiene un método infalible para cultivar la fidelidad de sus columnistas de cabecera: telefonearles desde el extranjero al móvil con una voz de mucho aliento:

-Hoy, majo, la has clavado. Qué bueno, qué bueno.

Así los hispánicos puñetazos de Millás en la mesa, como podía darlos Wyoming, el gagman de los parados, que ahora, con la reforma laboral, no va a dar abasto en galas, o Ferreras, el de los suicidas en calzoncillos con paquete incorporado («Endowment pad», rezaba la propaganda de los Super Shaper Briefs), que en la Radio Nacional fundada por Millán Astray nos da el gato de la biografía de Pablo Iglesias por la liebre de la biografía de Lanza del Vasto.

-Intelectual -dice un amigo- es aquél que a la llamada del presidente se le hace la culera gaseosa, y escritor, aquél a quien una llamada del presidente le toca los c...

Lo de Diógenes con Alejandro, para entendernos.

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