Cuando sólo se vive para el arte de los toros
De las estremecedoras imágenes de su cogida en Las Ventas sólo quedará una cicatriz en su cuello, y poco más. Porque el inmenso Julio Aparicio (a la izquierda)no ha tardado un segundo en confirmar a los medios que le esperaban, con un tajante gesto de su cabeza, que volverá a las plazas en cuanto pueda. Consciente de que estuvo a un milímetro de abandonar este mundo, Julio tiene aún más claro que no puede vivir sin torear, sin dar salida a todo el arte que lleva dentro. Y por eso quiere encerrarse cuanto antes en su finca de Cáceres y comenzar con sus entrenamientos, para demostrar a todos que la cornada recibida es cosa de la carne -que no del espíritu- y que por ella no se fue el valor. Aunque eso ya lo imaginaban sus muchos incondicionales. -Toros
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