Cara a cara con el verdugo
A Oliver Hirschbiegel le van los experimentos y la historia. En «Cinco minutos de gloria», el director de «El hundimiento» se pregunta qué pasaría si se reencontraran un viejo terrorista del IRA y el hermano de una de las víctimas ante las cámaras de televisión. No presentan la función Isabel Gemio o Mercedes Milá, pero la idea tiene algo de obsceno, por más que el pistolero retirado tenga el careto compungido de Liam Neeson y su condena haya sido cumplida ante los hombres, treinta años después.
Con la cámara pendiente de tan pocos personajes, era inevitable que la propuesta pareciera teatral. Más allá de eso, la película deja un poso de extrañeza, aliviada por la interpretación nerviosa y fabulosa de James Nesbitt, uno de esos actores que hemos visto en mil sitios sin reparar en lo bien que se calza cada personaje: «Jude», «Domingo sangriento», «Millones», «Match point»... Lo que intenta Hirschbiegel no es fácil, desde luego. Al mostrar el dolor de ambos personajes los sitúa en la misma dimensión, pone en la misma balanza dos sufrimientos demasiado dispares.
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