Mal de hondura
Desde «La primera noche de mi vida», Miguel Albaladejo ha compuesto una filmografía de una extraña consistencia, ha sabido reírse de cosas importantes y contarnos lo que importa mientras nos hacía reír. En «Nacidas para sufrir» firma un comienzo brillante, con diálogos marca de la casa, riza situaciones cotidianas hasta encontrar el punto exacto entre el drama y el esperpento, mezcla el desparpajo rural del viejo Almódóvar con la acidez tragicómica de «El apartamento». El camino es tan ambicioso como prometedor, aligerado además por unas espléndidas Petra Martínez y Adriana Ozores.
A partir de ese arranque, la propia estructura de la cinta juega en su contra. La trama se va despojando de personajes, los diálogos escasean y, a falta de humor visual, el drama eclipsa a la comedia. Como consecuencia, el espectador empieza a darse cuenta de la hondura de lo que se le cuenta y no hay muchas cosas peores que un público avisado. Menos mal que Adriana y Petra siguen a lo suyo.
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