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«Esto no es el Bronx, Torrejón no tiene nada que ver con Vic»

Larbi es marroquí. Fuma tranquilo un pitillo en la puerta de la peluquería en la que trabaja en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz . Es una imagen cotidiana y sosegada, como la de la mujer china que regenta un bar en los aledaños de la Plaza Mayor y que comparte risas con uno de sus proveedores, como la de los padres y madres negros que pasean con sus retoños también negros por el centro de este municipio.

De Gambia, ocho años en Torrejón

Como a Luis, el nombre castellano con el que se presenta un ciudadano de Gambia que lleva ya ocho años residiendo en Torrejón. Vino cuando las vacas gordas y a las flacas resiste aferrado a su empleo en el sector de la construcción. Este africano no parece darle mucha importancia a las restricciones al empadronamiento impuestas por el Gobierno municipal. "¿Qué le vamos a hacer? Si lo han decidido los que mandan...". Más que como un lamento, suena como una respuesta de compromiso ante una cuestión secundaria. Y es que, como ocurre muchas veces, la distancia entre lo que dicen las páginas de los periódicos y lo que se respira en las aceras, en Torrejón estos días, más que distancia es un abismo. Hay jóvenes que bromean con el elevado número de extranjeros que residen en el municipio y se refieren a él como «Torrebronx». Nada más lejos de la realidad.

Los políticos y los medios de comunicación tienen una gran capacidad para emponzoñarlo todo, para convertir la realidad más edificante en una historia sospechosa, para que lo que es una comunidad armónica sea percibida como un conflictivo avispero. Algo parecido a esto es lo que le está ocurriendo a Torrejón de Ardoz al que una iniciativa del Ayuntamiento de Vic, muy lejos, en Barcelona, ha situado en el ojo del huracán. Después de que el Ayuntamiento de este municipio catalán, gobernado en coalición por PSC, ERC y CiU, decidiera negar el empadronamiento a los inmigrantes en situación irregular, surgieron denuncias que afirmaban que en Torrejón hacía tiempo que venía actuándose también de este modo.

Pero no, resulta que la regulación torrejonense, más que con la inmigración irregular tiene que ver con la salubridad en las viviendas. La norma rige tanto para españoles como para extranjeros , estén éstos en posesión de documentación o no, y lo que exige es que no haya más de una persona empadronada por cada veinte metros cuadrados de vivienda. En el Gobierno municipal dicen que lo que se intenta combatir es el hacinamiento, fenómenos como el de los "pisos-patera" o las camas calientes y que responde a una exigencia de la Ley General de Edificación. No parecen convencer estos argumentos a gente como el coordinador general de Izquierda Unida en Madrid, Gregorio Gordo, quien no ha dudado en calificar la normativa municipal, de "vómito xenófobo". Ya se sabe que de vómitos anda la política llena. Por las calles de Torrejón, por el contrario, es más difícil encontrarlos.

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