Sin gobierno en Haití

Las calles de Puerto Príncipe están llenas de gente con botellas de plástico vacías, de cadáveres humeantes y equipos de rescate, de niños rotos que lloran y haitianos desesperados que roban.
Sólo falta una cosa en la escena: el gobierno de Haití.
Las tropas de la ONU intentan poner orden en el caos. Las organizaciones internacionales han aterrizado en el aeropuerto y van repartiendo la ayuda poco a poco.
Pero no hay gobierno. Y muchos haitianos se quejan de que en su pérdida y su dolor, las autoridades locales han ofrecido muy poco consuelo.
“Sólo dependemos de nosotros mismos y de la ayuda internacional”, lamenta Enouk Anglade, que espera noticias de su primo enterrado bajo los escombros de un edificio. “En Haití no sabemos cómo manejar los desastres".
Bill Clinton llega a Puerto Príncipe
Este fin de semana, el presidente haitiano Réne Préval se reunió con la secretaria de Estado de EE.UU , Hillary Clinton, durante una hora en una tienda de campaña con aire acondicionado en el aeropuerto de Puerto Príncipe. Ambos hablaron de cómo coordinar el esfuerzo humanitario y de los planes para la reconstrucción a largo plazo de las comunicaciones, la infraestructura de transporte y la electricidad en el país. "EE.UU. está en Haití por invitación de su Gobierno, para ayudar. Las fuerzas americanas estarán aquí hoy, mañana y previsiblemente en un futuro", apuntó Clinton, primer alto cargo estadounidense que visitó Puerto Príncipe tras el desastre, a quien ha seguido hoy lunes su marido, Bill Clinton, enviado especial de la ONU para Haití.
El ex mandatario tiene previsto reunirse con Preval y seguir de cerca las tareas humanitarias. Además de su papel como enviado de la ONU, el ex presidente, a quien acompaña su hija Chelsea, impulsa un fondo de recaudación para los damnificados junto al también ex mandatario George W. Bush.
Pero más allá de los micrófonos del aeropuerto, en las calles los esfuerzos del gobierno haitiano no son visibles. El sábado, camiones con agua comenzaron a patrullar, rodeados de gargantas desesperadas. También hay policía en las calles, donde se ha disparado el pillaje.
«El gobierno no nos da ni agua»
“No es una situación fácil", dice Ralph Stanley Jean-Brice, jefe de la Policía Nacional de Haití en la zona de Puerto Príncipe. El agente asegura que sus fuerzas son hoy menos de la mitad, ya sea por las muertes de compañeros o porque muchos están ayudando a sus propias familias.
En los jardines centrales, miles duermen al raso frente al destrozado palacio presidencial, símbolo del vacío de poder que castiga a Haití. "El terremoto no ha diferenciado entre sexo, edad ni condición y ha causado la muerte o la desaparición de decenas de personalidades, senadores y ministros entre ellos. Lo que ha dejado el país en un estado de casi vacío en la toma de decisiones", denuncian desde Radio Kiskeya.
Y los haitianos, enfurecidos. “El gobierno no nos está dando nada. Ni agua ni servicios médicos”, grita Martine Mateus, señalando a su hermana enferma.
Agustín Ferrer , politólogo, misionero del Camino Neocatecumenal y residente en Haití desde 2001, explica la situación. "Muchas voces han expresado su sorpresa por la desaparición de la autoridad en Haití". Para entenderlo, dice cabe recordar "que este país es un caso único en la historia; la única vez que una revuelta de esclavos, hace más de 200 años, ha dado lugar a un Estado independiente, la segunda república libre de América".
Haití, un caso único
Geográficamente también es un caso único, señala Ferrer. "No existe otra isla en el mundo compartida por dos Estados con sus respectivas capitales. Pero la tragedia de Haití es que se liberó de un yugo para caer en otro. La primera república negra del mundo comprende una población con un sentimiento nacional unitario muy fuerte. No quedan rastros de tribus ni etnias y el creol es la lengua que une a todos los haitianos. El vudú, aunque contribuye a configurar la identidad nacional, es más bien un elemento de descomunión".
El territorio, cedido por España a Francia a finales del siglo XVII, está claramente delimitado y no existen disputas territoriales con el vecino dominicano. "Pero el gobierno soberano es el elemento fallido de los tres que constituyen el Estado haitiano", recalca.
"Tras la independencia, los jefes militares se hicieron con las grandes plantaciones de los franceses, pero para obtener riqueza de ellas necesitaban obreros agrícolas para su explotación. Los antiguos esclavos ya no estaban disponibles pues se habían hecho con un pedazo de tierra y disfrutaban de su libertad. Así pues, ante la imposibilidad de explotar sus tierras, los nuevos grandes señores pusieron los ojos en el Estado para extraer, por la vía fiscal, la riqueza que la tierra les negaba. El Estado se convirtió en un aparato de depredación y en objeto de deseo de una larga lista de camarillas que se arrebataban el poder violentamente, reclamando su turno para saq uear ".
Autores como Matts Lundahl, Robert Fatton o Leslie Péan ha estudiado a fondo este fenómeno del Estado predador que llega hasta nuestros días , recuerda Ferrer. "En épocas anteriores la tentación de proclamarse presidente vitalicio ha atrapado a muchos mandatarios haitianos, que han defendido a muerte su apropiación de las arcas del Estado ".
Ingresos del narcopeaje
Con la democracia, la ventana de oportunidad para robar impunemente los magros recursos públicos se han reducido, acelerándose así el ritmo de la depredación. Y continúa: "Ocupados en llenar sus bolsillos, muchos de sus gobernantes han olvidado las tareas fundamentales del Estado en la provisión de bienes y servicios públicos, el primero de ellos la seguridad. Como consecuencia de esta negligencia, tolerada en cierta manera por la comunidad internacional, la posición “geonarcótica” de Haití se convierte en su gran ventaja competitiva atrayendo el flujo de la cocaína hacia Norteamécica y Europa" .
Este “narcopeaje” supone, para los funcionarios más osados, una fuente de ingresos mucho más interesante que la vía fiscal, apunta Ferrer. "Defender los símbolos de la soberanía y rechazar la “ocupación” extranjera, que pone un ojo vigilante y censor sobre esta actividad delictiva, es el nuevo discurso de las élites políticas ávidas de riqueza. La contienda electoral, y este año había programadas legislativas en febrero y presidenciales en noviembre, es una lucha feroz, no para imponer un proyecto político sino para acceder el tiempo suficiente a un puesto de depredación a fin de asegurar un retiro dorado".
Las otras alternativas de enriquecimiento legítimo, concluye, "están agotadas dada la reducida base productiva del país. El Estado es el auténtico Eldorado . Y esto no es lo que entendemos por Estado (Estado-institución) en el primer mundo. Esto es lo que había antes del terremoto, una nación (casi) sin Estado. Por eso, que no se asusten si ahora no hay autoridad, porque nunca la hubo".
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