«En el fútbol, si hablas bien te matan»

Al otro lado del aparato, el cordial y educado Juanma Lillo, entrenador de frases célebres que se ha puesto al volante del Almería. Debutó el domingo y lo hizo ganando, tres puntitos vitales para la salvación.
-¡Qué lujo tener trabajo en estos tiempos!
-¿Me lo cuenta? Es un privilegio.
-Vuelve a la elite nueve años después ¿Demasiado tiempo?
-Nueve años después en España, que en México sí que estuve entrenando en la elite. Y el año pasado estuve con la Real Sociedad, que lo considero de primerísima. Es relativo. -¿Y cómo acaba en el Almería?
-Fue muy fácil. Cuando echan a Hugo Sánchez -un domingo por la noche- me llaman, nos vimos el lunes en Madrid y listo. No dudé.
-¿Es difícil camelarle?
-Cuando te vienen a buscar hay que escuchar primero y luego he de ver que permiten hacer cosas. Tampoco te paras a darle mil vueltas.
-¿Es buen bombero?
-Ya me he puesto el traje otras veces y siempre he apagado el fuego. Tengo tres de tres. Con el Tolosa, con 21 años, cogí el equipo a falta de cuatro jornadas y lo salvamos. Luego me tocó con el Tenerife y también aguantamos la categoría. Y en México cogimos al Dorados último y perdimos sólo tres partidos en toda una Liga, pero ahí funciona con el tema de porcentajes de años anteriores y por eso bajó. No sé por qué hay tantas ganas de decir que he bajado o que he fallado con muchos equipos.
-¿Y por qué cree que se habla así de usted?
-No sé. Llegué con 29 años, cosa que nadie ha hecho. Subí de Segunda B a Primera en dos años y ya con 27 tenía ofertas de Primera. Una cosa es cómo te salen las cosas y otra es cómo eres. A veces salen bien, otras mal. Ésta no es una actividad en la que los mejores siempre ganan. Puedes hacer las cosas muy mal y salir adelante.
-¿Se siente incomprendido?
-Como te expreses bien en el fútbol, te matan. No es que huya del tópico, hablo como soy en función de mis conocimientos. Intento redondear las ideas, es una aspiración, pero no pretendo ser rebuscado. Cuando te prejuzgan y te estigmatizan, no puedes luchar, eso ya lo he aprendido. La fundamentación del prejuicio es ninguna. Cuando necesitamos que alguien sea lo que yo quiero que sea, no me importa nada la realidad ni la verdad, me importa lo que yo quiero ver y creer. Luego, cuando me conocen, la gente cambia de opinión.
-¿Se considera un bicho raro?
-Me quieren ver como un bicho raro. El periodismo necesita tener la gente bajo control. Se necesitan productos.
-¿Trata con los jugadores?
-Soy del halago en público y del reproche en privado, soy el entrenador más exigente que puede haber, miro a los ojos y digo cosas que no gustan. Soy amargamente sincero, aunque no quiero ser amargo y sí intento ser sincero.
-¿Cuál fue su camino?
-Uno no sabe por dónde aprende. Quise ser jugador y me quedé sin serlo. Hay mucha gente anónima que me ha marcado. La gente elige discípulos y maestros. A mí me han ayudado a pensar y luego he pensado yo por mí mismo.
-¿Y a usted ha recurrido mucha gente?
-La experiencia es acumular preguntas e intento que la gente se pregunte cosas. Muchos se han acercado a mí y espero haber ayudado a todos.
-A Guardiola seguro, que incluso pensó en usted como entrenador del Barcelona y ahora mire dónde está él...
-Está saliendo todo según lo imaginamos. Lo veo tan bien como siempre.
-¿Se ha vuelto loco el negocio del fútbol?
-Es la vida, el fútbol no es una isla, es un continente.
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