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ABC Cultural

«En Hollywood no me siento un bicho raro, pero desde dentro me falta perspectiva»

Spike Jonze tiene cuarenta años, pero mantiene el aspecto de niño bueno. Editor de revistas, director de videoclips, de episodios televisivos de «Jackass» y de dos largos de imaginación desbordante, ha adaptado la pequeña gran novela gráfica de Maurice Sendak, publicada en 1963.

-La película es preciosa, pero debo confesar que no acabo de entender a quién va dirigida.

-No pienso nunca en un público determinado. Sólo intentaba capturar lo que se siente a los nueve años. Me encanta cuando conecto con los recuerdos de alguien. Cuando salen de la película, los niños quieren hablar sobre lo que siente Max, y eso es emocionante. Al estudio también le costó entender. El otro día, Max dijo en una entrevista: «No es una para niños ni para adultos, es simplemente una película». Supongo que en los videoclubes la mía estará entre los títulos familiares. En cualquier caso, no es una película tradicional para niños.

-Usted también es inclasificable. ¿Se siente como un bicho raro en Hollywood o como un privilegiado por hacer lo que quiere?

-Cuando pienso en los cineastas que hacen cosas que me entusiasman, todos son gente creativa, Charlie Kaufman, David Russell, David Fincher... Todos son singulares, únicos, me inspiran. Así que no me siento un bicho raro, pero obviamente desde dentro me falta perspectiva.

-Habla de gente que admira, pero aquí ha trabajado con gente que nunca había hecho cine, como el guionista Dave Eggers o el propio Maurice Sendak.

-En general, busco gente que tiene un gusto que me inspira. Su experiencia es secundaria. El diseñador de personajes tampoco tenía experiencia en películas, ni el niño protagonista. Yo mismo no había hecho una de esta escala ni había trabajado con muñecos. Todos estábamos fuera de nuestra experiencia. Quería una película intuitiva.

-¿Lo que vemos es lo que tenía en la cabeza al principio?

-Cuando hago una película y tengo éxito, el sentimiento que hay en la pantalla es el que yo tenía al empezar, pero el camino sí puede cambiar. Es lo emocionante del proceso. Empiezas con una idea muy clara y pasas por la fase de trabajar con los demás. Mi trabajo es reunir el talento.

-¿Hasta qué punto un actor de nueve años interpreta o es labor del director? Con Max incluso recurrió al uso de lanzallamas para provocar algunas reacciones.

-Cada actuación es una colaboración entre el actor y el director, también con el diseñador de vestuario y el montador, pero es el actor quien se abre ante la cámara, es la parte más expuesta y valiente.

-Si Max llegara a ganar el Oscar, ¿podría sentirse ofendido un actor más veterano?

-No sé mucho de premios, pero quiero dejar bien claro que de ninguna manera engañamos a Max o provocamos una interpretación que no fuera suya. Cuando provocábamos explosiones, yo sólo le daba un estímulo, igual que haría con un actor adulto. Él tenía que actuar con unos monstruos sin caras, que no se movían. Teníamos que darle algo que causara una reacción.

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