La quimera de la recuperación
EN pleno debate parlamentario sobre el proyecto de ley de Economía Sostenible se conoció el dato del desempleo en el mes de noviembre y, ayer mismo, la UE confirmó que nuestra economía, junto a la de Grecia y Chipre, es la única de la eurozona que sigue inmersa en plena crisis. Nuevamente se repite el ritual instaurado por el Gobierno de mostrar satisfacción porque las cifras son menos malas que las de 2008 y de anunciar, con formulaciones a cada cual más alambicada, el principio del fin de la destrucción de empleo. La contumacia de esta operación mensual de propaganda del Gobierno se deshace, sin embargo, por la dureza de los datos. En noviembre aumentó el paro en 60.593 personas -la segunda peor cifra desde 1997-, acumulando un incremento anual de 879.677 personas y situando la cifra total y real de desempleados inscritos en el INEM en más de 4.300.000 personas. Por su parte, la Seguridad Social vuelve a perder cotizantes en noviembre en relación con octubre -61.276 trabajadores- y suma una pérdida anual de 873.718 personas, Estos datos hacen inverosímil el optimismo del Gobierno, por muy matizado que se exponga a la opinión pública, y demuestra que la comparación con 2008 es una pura vía de escape para no afrontar la realidad de una destrucción de empleo que se mantiene a pesar de la extraordinaria cantidad de recursos públicos destinados a estimular la contratación. Mientras dure este nivel de paro -que Eurostat acaba de situar en una tasa de 19,3 por ciento- la recuperación económica es una quimera, entre otras razones porque el gasto público destinado a las prestaciones por desempleo no dejará de aumentar.
Mientras tanto, la gran oferta para la recuperación económica es una ley de economía sostenible cuyos efectos se sentirían a muy largo plazo, si es que tales efectos llegan a producirse, lo cual es dudoso si sus principales bazas como la investigación y el desarrollo, por un lado, sufren recortes presupuestarios como los previstos para 2010; y la competitividad y la productividad, por otro, permanecen lastradas por la ausencia de reformas estructurales en el mercado de trabajo. No es de extrañar que esta creciente fractura entre el Gobierno y la realidad se manifestara el martes en el Congreso, con las duras críticas de la oposición al proyecto «estrella» de Rodríguez Zapatero, esto es, el cambio por ley del modelo productivo. Los millones de parados que hay en España no pueden esperar tanto.
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