Luna-tico
JAVIER CORTIJO
Como buen hijo de su padre, Duncan Jones se ha estrenado en el largo con poco menos que la representación holográfica de Ziggy Stardust: una elegante marcianada, algo plataformera, que nos mira con un ojo verde y otro marrón. Y es que «Moon» es ese tipo de películas que podrían definirse bipolarmente por eliminación y acumulación: no es «Blade runner» aunque sí «Inseparables», no tanto «20013 como «Esfera», OK a «Sunshine» y KO a «Primer» y, a pesar de que Sam Rock-well también interviniese en su fallida adaptación al cine, nada de «Guía del autoestopista galáctico» sino más bien una precuela de «Retorno de las estrellas». Ya se sabe, si quieres ir de cineasta «indie» y meterle el diente a la ciencia-ficción, debes ser un tipo leído y viajado. Y el cachorro de Bowie lo parece.
Además, con el buen tiento de no crecerse y atreverse con una «space oddity», sino con la lenta chaladura de un tipo grunge encerrado en una leonera durante demasiado tiempo. Solo que, en vez de ser un adolescente treintañero viviendo de gañote en casa de los padres, es un minero-astronauta de misión poco humanitaria en la Luna. Sobre el embolado que descubre no sabemos si extendernos para no desvirgar aún más los límites del «spoiler», pero sí concluiremos en que el guión de «Los cronocrímenes» tiene más chicha. Pese a sus eclipses y cráteres, «Moon» mantiene un tono (o tonillo) y una actitud retro e «hipnótica» (bonito lo de la hija quinceañera) de lo más prometedores como para seguir la pista de este director. Eso sí, siempre que no se vea en una primera sesión tras copioso almuerzo.
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