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«Devuélveme mi voto»

La moción de Benidorm se ha convertido en un «espectáculo» de inicio a fin: antes, durante y después del pleno, los protagonistas espontáneos, las peleas, los abucheos y las salidas de tono tomaron el ayuntamiento benidormense y sus alrededores

Un «sainete». Así calificó el portavoz municipal del PP de Benidorm, Toni Pérez, el desarrollo de la operación de los tránsfugas del PSOE para asaltar la Alcaldía. Y, si bien se refería principalmente a las pretendidas desavenencias entre los concejales y la dirección del partido, lo cierto es que la definición puede aplicarse también a los acontecimientos que rodearon la tensa sesión plenaria de ayer.

Los ex concejales socialistas, directos desde el hotel donde pasaron la noche, llegaron temprano al Ayuntamiento para recluirse en sus despachos. Algunos llegaron con algo de retraso, alrededor de las once.

A esas horas la plaza del Ayuntamiento era ya un hervidero de cámaras y grabadoras, y numerosos vecinos se agolpaban en el vestíbulo del Consistorio y ante sus puertas para intentar asistir al pleno, que podía seguirse a través de una pantalla gigante en una sala anexa.

Varias mujeres votantes del PP llegaron ataviadas con camisetas en las que habían estampado la leyenda «Bañuls, devuélveme mi voto», en referencia al tránsfuga que ha traicionado al PP para permitir gobernar a los ex concejales socialistas. Era inevitable que los partidarios de la moción les recordasen, en una discusión que subió poco a poco de tono, el papel desempeñado en 1991 por la socialista Maruja Sánchez, que permitió a Eduardo Zaplana acceder a la Alcaldía.

Varios vecinos expresaban en voz alta su indignación. Jesús Vázquez, ex concejal de Autonomía Asturiana en el ayuntamiento de Langreo y empadronado en Benidorm hace tres años, cuestionaba lo «vergonzoso» de que unos concejales «que no representan a ningún partido» puedan gobernar Benidorm.

A las 11.55 entraban al salón de plenos, entre aplausos de un sector del público y abucheos del otro, los doce ex socialistas y el tránsfuga del PP, que se sentó tras Agustín Navarro. Tres minutos más tarde, la escena se repetía con el equipo de gobierno saliente como protagonista.

Los nervios y la tensión afloraron desde el primer minuto. El ya ex alcalde, Manuel Pérez Fenoll, se enzarzó con el secretario municipal por el turno y la duración de las intervenciones. Los socialistas terciaron en el debate, y las discrepancias se convirtieron en un rifirrafe entre las dos bancadas antes incluso de entrar en materia. Con trece votos a favor y doce en contra, Agustín Navarro se convertía en alcalde a las 12.45 y juraba el cargo en valenciano. El PP, en pie, guardaba un minuto de silencio por la «muerte» de la democracia. Y Navarro se subía al primer piso a improvisar un discurso para sus enfervorizados seguidores.

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