Y a los espías se les cayó el muro
FEDERICO MARÍN BELLÓN
Incurre David Carreras en los mismos defectos y virtudes (si se pudiera incurrir en una virtud) que ya apuntaba en su ópera prima, «Hipnos». Capaz de darles a sus películas un acabado «deluxe», aderezado esta vez con un atractivo reparto internacional (¿era necesario contratar a Maximiliam Schell para un papel tan insulso?), Carreras se pierde (nos pierde, al menos) en su trenzado de tramas, personajes e intenciones. El punto de partida es atractivo: a la caída del muro, los espías tienen una difícil reconversión civil. La parte española del elenco, con Marta Etura y Eduard Fernández a la cabeza, no es menos sugerente, incluso cuando deben hablar en ruso. Por ambición y calidad técnica no cabe sino aplaudir el filme.
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