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Gripe A: Los escenarios de riesgo se pertrechan

Guarderías, colegios, hospitales, comisarías, prisiones... Empieza el curso de la gripe H1N1 y los centros se preparan, pero sin refugiarse en una burbuja

Gripe A: Los escenarios de riesgo se pertrechan

Entre el frío y el calor, las llamadas a la tranquilidad y las voces de alarma... y alguna tentación de matar al mensajero («los periodistas tenéis la culpa de que se hable tanto del asunto», dice uno de los entrevistados en este reportaje), empieza el curso de la gripe A. «Estamos preparados para lo peor; sería bueno que dentro de unos meses, echando la vista atrás, pudiéramos reconocer que habíamos exagerado», señala el responsable de un centro hospitalario. Mañana comienzan las clases en gran parte de los centros educativos de España. Durante esta semana los directores de colegios y guarderías se han reunido con las autoridades sanitarias para recibir información precisa. Protocolos de actuación. Aunque el que más y el que menos lleva tiempo preparando sus pertrechos para la batalla contra la enfermedad. También en los hospitales, centros de salud, comisarías, prisiones y otros escenarios de riesgo. He aquí algunos ejemplos donde la prevención contra la gripe A formará parte de la rutina diaria.

GUARDERÍA

Prohibido compartir chupetes

Ojos como platos, mofletes y lenguas de trapo. Están para comérselos, pero este año habrá que controlar ese impulso. Forman una fila frente a un lavabo que levanta dos palmos del suelo y la educadora les echa en las manitas un chorro de gel hidroalcohólico. Se frotan y se secan con papel desechable. Y miran a la profesora buscando su aprobación. «Muy bien, chicos». Después vuelven al aula y se ponen a lo suyo, es decir, a desparramar los juguetes por el suelo, quitárselos al compañero, dejar volar su imaginación... Uno de los pequeños empieza a mordisquear la cabeza de un pato Donald de plástico. Tener los juguetes muy limpios e intentar que no los compartan es una de las reglas básicas para este curso, pero controlar este último aspecto en una clase llena de enanos de dos años de edad es como tratar de poner puertas al campo. Como impedir que los chupetes rulen o se los sustraigan unos a otros para dar unas furtivas «caladas». Pero hay que estar ojo avizor.

Visitación García, directora de la escuela infantil Santa Rosalía, de Madrid, acudió el martes pasado a una reunión convocada por la Consejería de Educación para recibir información y consejos. La mayoría, ya conocidos a lo largo de este verano en el que la gripe A ha acaparado las portadas de los periódicos. En el centro se habían anticipado extremando las medidas de limpieza, instalando dispensadores de jabón en seco en cada aula, dejando paquetes de clínex muy a mano y papeleras fuera del alcance de los niños —para que no revuelvan—, utilizando guantes de látex para cambiar los pañales, marcando los vasos, los biberones, los chupetes... «Me han llamado varias empresas para ofrecerme productos contra la gripe: mascarillas, geles, detergentes... Aquí el que no corre, vuela», reconoce Visitación. «Creo que hay medidas de sentido común. Por ejemplo, que cada niño tenga su propia cama con sus propias sábanas en vez de que haya colchonetas de uso común, donde los mocos o las babas pueden convertirse en agentes de contagio. Y que los baberos vayan a la lavadora a la más mínima mancha».

«La fiebre alta es la gran pista», señala la pediatra del centro, Belén Jiménez. «Un niño con fiebre no puede venir. En general, debería ser así siempre. Entiendo que los adultos tienen sus ocupaciones, pero no pueden eludir su responsabilidad: este año no basta con dar Apiretal o Dalsy al crío para entonarlo y poder traerlo a la guardería. Si el problema surge aquí, entonces se le aísla en una habitación bajo el cuidado de una educadora y se llama a sus padres para que vengan a recogerlo y lo lleven al médico. Lo normal es que, después de un primer análisis, el facultativo revalore la situación 48 horas después. Si no hay un foco de infección claro (por ejemplo, una otitis), es muy probable que estemos ante un caso de gripe A. No se da la alarma a los demás padres, salvo que se produzca un brote llamativo; en ese caso, también se informaría a las autoridades». Jiménez insiste en la limpieza y ventilación de las instalaciones. «Los pomos son muy importantes, en especial el de la puerta principal, que hay que limpiar varias veces al día. Hay que evitar los besos, por duro que sea. Durante uno de los momentos “críticos” del día, cuando algunos pequeños se cogen un berrinche al entrar, es preferible cogerles de la mano para consolarlos. Y enseñarles a estornudar en el codo. Con el codo no se toca nada».

La pediatra teme que haya mucha confusión y que enseguida se piense en la gripe A descartando otros sospechosos habituales. Por eso hay que mantener la calma para evaluar los síntomas. Existe un periodo especialmente delicado: el pico de bronquiolitis en noviembre. «Lo normal es que el problema se resuelva con una buena hidratación, lavados nasales y aerosoles; pero si esta temporada detecto un niño con fiebre y dificultades respiratorias le envío a urgencias».

COLEGIO

Nuevos desafectos en el patio de los afectos

«Sí, ya sé que os queréis mucho, pero intentad tranquilizaros durante este curso». Juan Luis Hidalgo, director del colegio Montpellier, situado en el madrileño barrio de la Concepción, tiene la mesa del despacho llena de papeles y de nervios ante el inicio del nuevo curso. No por la gripe A especialmente, sino por todo lo demás, aunque es indudable que la pandemia se ha añadido como elemento distorsionador. «El centro tiene 1.650 alumnos y un centenar de profesores. A pesar de la gripe, no podemos refugiarnos en una burbuja». Esta semana ya se ha producido un tráfico intenso de padres y estudiantes que iban a recoger los libros de texto. Ha habido reencuentros en el patio. Pero este año los chicos tendrán que ser menos efusivos en sus manifestaciones de afecto. Esa es la teoría.

La práctica, lo que no atañe a besos y abrazos y se puede controlar, está en marcha. El jueves, responsables de las áreas de Salud y Educación de la comunidad autónoma ofrecieron a los directores escolares una charla con turno de preguntas. «¡Relájense, es leve!», puede leerse en los apuntes que Hidalgo tomó durante el encuentro. «Aunque muy contagiosa», añade una línea posterior. «Ya habíamos decidido prescindir de reuniones masivas en el salón de actos del colegio y proceder a una limpieza exhaustiva de las instalaciones, poniendo mayor énfasis en los cuartos de baño y las aulas (pupitres, pomos, interruptores de la luz...)». La supervivencia del virus en las superficies duras está entre las 24 y 48 horas; en las manos, en cambio, apenas dura cinco minutos. Pero puede ser suficiente. «La higiene es esencial. Los profesores darán charlas al respecto desde el mismo inicio de las clases y distribuiremos circulares. En las reuniones habituales con los padres y con los alumnos de ESO y Bachillerato trataremos el asunto. Los pañuelos desechables deben formar parte del “equipaje” de las mochilas. El lavado de las manos con agua y jabón, varias veces al día, tiene que convertirse en un acto rutinario. Nada de toallas comunitarias; hemos instalado secadores eléctricos en los aseos. No se puede compartir el material escolar —lápices, rotuladores... mucho menos los instrumentos de viento que se utilizan en las clases de música, y hay que quitar los peluches en las aulas de infantil—. Trataremos de separar más los pupitres...».

Los pasos a seguir si aparece un caso no difieren de los que se darán en las guarderías: aislamiento del alumno en un sitio tranquilo, vigilado por un adulto hasta que lleguen sus padres. «No hay que darle aspirina bajo ningún concepto, pues está contraindicada. Las autoridades nos han dicho que si un hermano o familiar de un alumno ha caído enfermo, éste puede ir al colegio si no presenta síntomas; una vez que la gripe A se ha generalizado no tiene sentido quedarse en casa. Si tuviéramos más de dos casos por aula habría que avisar al servicio de Salud; sólo en un escenario extremo se cerraría el colegio».

HOSPITAL

Reunión del gabinete de crisis a primera hora

Siete mil individuos forman el personal del hospital universitario La Paz y el de Cantoblanco —gestionado por el primero—, en Madrid. Sólo el trasiego en el servicio de urgencias de La Paz llega a los 700 pacientes al día. Desde el 22 de junio han acudido casi 2.400 personas con síntomas de gripe A; se han producido 184 ingresos (40 de ellos han recibido tratamiento antiviral) y un fallecimiento en la UCI. Su gerente, Rafael Pérez-Santamarina, parte de las recomendaciones comunes, pero también de estas estadísticas, para que su equipo «cave» una particular trinchera contra la enfermedad. No es lo mismo un centro de atención primaria que un megahospital. «El servicio de prevención de riesgos laborales ya ha tenido una treintena de sesiones informativas», afirma. «También se ha creado una especie de gabinete de crisis que se reúne a diario y en el que participa la dirección médica y la de enfermería. Hay que estar preparados para el peor escenario posible, pero dentro de la sensatez». Los pertrechos (soluciones hidroalcohólicas, mascarillas, batas, guantes y hasta gafas si fuera necesario) están dispuestos desde que debutó la pandemia, y en las últimas semanas las paredes del centro se han empapelado con carteles con consejos higiénicos para todos los visitantes. Los facultativos que estén en contacto con enfermos de gripe deben cubrirse con mascarilla y guantes, y las embarazadas no prestarán esta asistencia.

La primera línea de resistencia no está, sin embargo, en los hospitales. «Tenemos que evitar que se colapsen las urgencias», comenta Ana Sánchez, viceconsejera de Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid. «Creemos que la mayoría de las incidencias se pueden resolver a través del 112. Lo primero sería la llamada (en los picos epidémicos se prevén hasta 40.000 al día). Habrá personas que puedan quedarse en casa y otras deberán pedir cita en su centro de salud, donde antes de acudir se les preguntará por sus circunstancias particulares: qué síntomas tienen, edad, si viven solos... Sólo los casos graves serán derivados a las urgencias hospitalarias».

PRISIÓN

Cuatro brotes y módulos aislados

Alcalá-Meco, Pamplona, Córdoba y ahora Jaén. La gripe A ha llegado a las cárceles —los primeros casos se detectaron el 18 de julio y el último brote, el de Jaén, es de hace sólo una semana—. «Estamos capeando el temporal de forma bastante airosa», explica el jefe de Área de Salud Pública de Coordinación de Sanidad Penitenciaria. Unos 200 infectados de las 40.000 personas que hay en régimen cerrado. La población penitenciaria tiene un factor de riesgo añadido: un siete por 100 de los internos padecen VIH, es decir, se encuadran en el grupo candidato prioritario al Tamiflú.

Las recetas entre rejas contra el virus tienen dos particularidades: vigilancia exhaustiva de los presos con factores de riesgo —además de los inmunodeprimidos por VIH, diabéticos, asmáticos, hepatitis... y, por supuesto embarazadas—; e intentar mitigar el impacto, de forma que la curva epidémica sea menos intensa, aun a costa de que se alargue en el tiempo. Es preferible que un brote dure un mes a que una prisión completa esté griposa una semana. «Podremos ocuparnos mejor de los enfermos y la rutina no se verá tan alterada», concreta el responsable del área. Los números por ahora son contenidos: sólo cinco reos trasladados al hospital, ninguna presa embarazada se ha contagiado y no ha habido muertos.

Los cuatro brotes han servido a Instituciones Penitenciarias para engrasar la maquinaria. Si hay uno o dos casos en un módulo, el enfermo se queda en su celda; con tres o más infectados, el módulo se aisla y se convierte en una burbuja para evitar la propagación: nada de actividades comunes ni de mezclarse con internos de otras zonas; si hay que limitar las comunicaciones personales (visitas, vis a vis), a cambio se amplían las telefónicas. Hasta hoy los internos no han protestado. La salud pública manda. Los traslados entre prisiones se evitarán si hay brotes. Si hay que hablar con un juez se da por hecho que lo entenderá; eso hasta que —eventualmente— lleguen los contagios a todas partes, porque entonces los presos con gripe serán como el resto de la población.

CUARTEL / COMISARÍA

Desinfectar los grilletes ...sin que se partan

A los cuarteles y unidades de la Guardia Civil ha llegado el protocolo general de Sanidad; una nota sobre las actuaciones ante la aparición de casos del Instituto de Medicina Preventiva de la Defensa y algunas especificidades internas como métodos para desinfectar los grilletes. Se explica para los cerca de 78.000 guardias civiles que en caso de brote se notifique de forma urgente al Instituto y que en las unidades especiales (centros de enseñanza, academias, etc.) «en las que un porcentaje significativo de su personal duerma en las instalaciones (no en camareta individual) se habilite una zona para llevar a cabo el aislamiento “domiciliario”». El servicio de prevención de riesgos laborales del Cuerpo acaba de dictar unas normas de actuación, dos de las cuales curiosamente son para personal contratado y no para los agentes: las empresas de limpieza que trabajan para la Guardia Civil y las de «catering». A las primeras se les pide que valoren el empleo de guantes y que se esmeren en la limpieza de lugares, equipos y objetos de uso común: salas de reuniones, bares, comedores... Se citan los teléfonos, las cisternas, los ratones y, por supuesto, barandillas, pomos y demás objetos de habitual toqueteo. A los restauradores les conminan a usar paños húmedos para limpiar, que mantengan la máxima distancia posible a la hora de servir y que protejan vasos, platos, cubiertos y latas de refrescos. La indicación más curiosa se refiere a la desinfección de grilletes con clorhexidina: cinco páginas sobre cómo tienen que hacerlo aquellos en quienes recaiga la tarea. Eso sí, la sustancia aún no ha llegado a su destino y la anterior que se empleaba provocaba que las esposas acabaran partiéndose.

El Cuerpo Nacional de Policía no se ha dado más prisa. La gripe A llegó a los agentes de azul desde África: cuatro policías vascos que condujeron inmigrantes en un vuelo de expulsión. A partir de ahí ni registro de casos ni datos concretos. «Se ha elaborado un protocolo para toda la plantilla, con especificaciones para determinadas unidades», señalan fuentes policiales con su tradicional hermetismo. A las comisarías no ha llegado todavía, sólo se ha distribuido la información de Sanidad con el membrete del CNP. Y hay más de 65.000 agentes a la espera. «Sólo en la academia de Policía o en el complejo policial de Canillas —donde tienen su sede casi todos los órganos centrales— se montaría una buena si hay contagio masivo», señalan desde el sindicato SUP. El día 15 hay una reunión monográfica del Consejo de Policía: cómo detener a la gripe A.

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