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Carla Bruni y Sarkozy, amor teatral

Carla Bruni y Sarkozy, amor teatral

Ya se sabe que el poder tiene su erótica, y si alguien lo ha explotado al máximo (lo de Berlusconi es distinto, casi pornografía), ese es Nicolás Sarkozy. Fue llegar al palacio del Eliseo y enseguida cambiar de esposa (ya tenía experiencia en este campo). Recordemos: A Cecilia Ciganer-Albéniz, bisnieta del compositor español, le sucedió Carla Bruni, modelo y cantante, y doce años más joven que él. Digamos que fue un cambio de partitura, de lo clásico a lo moderno.

Una vez levantado el telón de su relación, las andanzas del presidente y la primera dama se han exhibido públicamente con profusión, como no podía ser de otro modo, dada la popular naturaleza de sus protagonistas. No era extraño, pues, que alguien decidiera llevarlas a escena. Y ese alguien ha sido Pedro Ruiz, que a principios del mes próximo estrenará en el teatro Reina Victoria de Madrid una obra de teatro escrita, dirigida e interpretada por él mismo: «Escándalo en Palacio». Por razones obvias, Pedro Ruiz -que puede mirar a Sarkozy a los ojos sin empinarse ni agacharse- no ha podido interpretar también a Carla Bruni y ha tenido que recurrir para ello a una actriz: y esa es Lidia San José, nacida artísticamente en series televisivas como «A las once en casa» o «Aladina», y que ha probado ya las tablas en «Olvida los tambores», de Ana Diosdado.

Hay que decir que, en realidad, a quien encarnan Pedro Ruiz y Lidia San José es a Bernard Mathieu y Paola D´Angio. Aquél es, según la sinopsis del espectáculo, «un hombre maduro», y ella «una bellísima ex modelo y presentadora que ronda los treinta años». Ambos son, además, «el presidente y la primera dama de un país sin identificar». Blanco y en botella...

En la obra, Nicolas-Bernard y Carla-Paola han sido pillados por las cámaras de seguridad de Palacio en lo que eufemísticamente podríamos definir como «situación comprometida». Las imágenes han llegado a la televisión y son emitidas, lo que obliga al presidente a presentar su dimisión. En hora y media, la que transcurre entre la emisión de las imágenes y el discurso de renuncia, los dos comparten recuerdos y secretos. «Son sólo dos seres humanos atrapados por su posición, ambiciones y el acoso de los demás. El humor, la ternura, el escándalo y las revelaciones son los condimentos de la obra».

«La situación -explica su autor-director-protagonista, acostumbrado a sazonar con vitriolo su humor- es un lance habitual para muchas vidas anónimas que, sin embargo, en los protagonistas de al función se convierte en una hipérbole. La inmensa e insana curiosidad que los medios de comunicación fomentan día a día en una población ya proclive a ella es la base de la cuestión. Dos personas viven un lance íntimo que trasciende a bombo y platillo. Y por ser quienes son, mejor dicho, por representar los papeles que representan, el eco de su acción se torna incontrolable».

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