Hermoso de Mendoza, 2; Riveras, 0

Un gran rejoneador por delante y dos toreros mediáticos. Uno, el mayor de los hermanos, gozó de este apelativo siempre. El segundo -una pena- lo empieza a ser cuando, el que esto escribe, le ha visto cualidades para ocupar un gran puesto en el toreo.
Reaparecía Cayetano, y lo hizo sin pena ni gloria. Recogió bien a su primero. Luego se quiso estirar por verónicas, pero éstas no cristalizaron. Bien por bajo, con molinete y de pecho como prólogo. Lo demás, con las dos manos, muy corriente, salvo alguno de pecho logrado. Mató de una buena estocada. En esto han seguido la línea paterna de ejecutar la suerte con gran rigor.
Veroniqueó al sexto de forma entusiasta. El toro tomó una larga vara y se quedó aplomado. Por eso fue el garbanzo negro de los toros de Zalduendo, que se dejaron. Cayetano se limitó a estar voluntarioso. Habrá dejado para hoy que se confirmen los buenos auspicios que empezaron hace cuatro años en la vecina ciudad de Oviedo.
Rivera Ordóñez se lució al llevar al primer zalduendo al caballo por chicuelinas itinerantes. De la suerte salió el toro rodando y luego se recuperó. Banderilleó -reciente modalidad de Francisco- con voluntad, acierto, aplausos y hasta cierto estilo. La faena resultó mecánica, con pases por alto y trincherazo en el inicio como lo mejor. Lo demás, todo discreto, aunque templó en ocasiones. El toro se quedó y Francisco tiró de efectismos para terminar con barullo. Buena estocada de corte paquirrista, con una petición no cuajada y un simple saludo de premio.
Inició su segunda labor con una larga cambiada. Parecía que la cosa iba a seguir rodando, pero enseguida se desvaneció, aunque se mostró siempre con oficio. El público pitó porque no cogió las banderillas en primera instancia. Después lo hizo y la verdad es que fue lo mejor de toda su actuación. Empezó con la muleta con pases por bajo y se centró algo con la derecha, pero su quehacer no pasó de correcto y voluntarioso, además de largo. Señaló un buen pinchazo y agarró otra buena estocada. Se pidió la oreja levemente, pero sólo saludó.
El Rey Hermoso en la historia atendía por Felipe, marido de Juana la Loca, y en el mundo del rejoneo -y perdón por la redundancia- es Pablo Hermoso de Mendoza el rey de la especialidad. Ayer fue el triunfador. Perdió la oreja de su primero por fallar al echar pie a tierra. Llevó al murube muy bien toreado con la banderola. Clavó siempre en lo alto, toreó estupendamente con la cola, cuajó algún quiebro y clavó a la grupa en alguna ocasión -hasta el mejor escribano echa un borrón-. En su otro turno se mostró en su tono habitual, con su torería y algún alarde caballístico. El toro tenía más dificultades que el primero. De todos modos, quizá sobró la segunda oreja, aunque fue pedida de forma mayoritaria.
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