Pasarela Moncloa
Con el desfile de ministros en goteo a primera hora, el Ejecutivo logró multiplicar su colección de fotos de la jornada de ayer para exprimir al máximo la escenografía de «duro trabajo, incluso en agosto»
Nada era como siempre, de modo que quedó patente (tal y como se pretendía) el esfuerzo y la excepción que supone montar un Consejo de Ministros en vísperas de la Virgen de Agosto, circunstancia inédita con tufillo de pasarela propagandística «pr_t a porter», a la medida de las circunstancias. Por mor de unas obras de reforma en el edificio de la Secretaría de Estado de Comunicación, los periodistas accedieron a la sala habitual por otro camino, delimitado por un cordón de seguridad desde el que se podía contemplar, bajo una implacable y bochornosa canícula, el helicóptero que había depositado horas antes a José Luis Rodríguez Zapatero en el complejo de Moncloa.
El desfile verano-otoño (avance de las medidas que vestirán más titulares de aquí a fin de año) arrancó con los ministros más madrugadores (las vicepresidentas Fernández de la Vega y Salgado, el titular de Fomento, José Blanco; la de Igualdad, Bibiana Aído, y la de Innovación, Cristina Garmendia), y siguió con la llegada, sucesivamente, del vicepresidente tercero, Manuel Chaves, Carme Chacón, Celestino Corbacho, Miguel Ángel Moratinos y Beatriz Corredor (coincidieron en la puerta y entraron juntos), Trinidad Jiménez, Ángel Gabilondo, Miguel Sebastián, Elena Espinosa y, al filo de las diez de la mañana, Alfredo Pérez Rubalcaba, el único que no tenía necesidad de demostrar que ha trabajado últimamente. Por último, apareció entre los árboles, a pie, el presidente del Gobierno, con aura de sereno paseante. Privilegios de citar en casa.
Los integrantes del Ejecutivo fueron «fichando» de forma tan escalonada (¿y quizá estudiada?, se preguntaban algunos testigos) que nadie se quedó sin su foto individual, al margen de las de «familia» en la mesa oval. Un «book» más completo que el de «Vogue», en su momento, o el de presentación de gabinete en el estreno de legislatura.
Formal indumentaria
El presidente, discretamente bronceado tras sus escarceos marineros en Lanzarote, no concedió espacio a la relajación estival y quiso brindar a los fotógrafos su aliño indumentario más adusto, enfundado en la formalidad de un traje azul marino y corbata a juego.
Lo mismo hicieron sus ministros, monocordes, por lo que las alegrías estéticas hubo que buscarlas en el flanco femenino del Gabinete, en el que, aunque dominó la formalidad de las chaquetas (eso sí, de colores estivales) llamó la atención el vaporoso blusón sin mangas de Garmendia. En el aparcamiento aledaño, único punto accesible de un recinto blindado, una militante antiabortista obsequió a los periodistas con reproducciones de un feto de doce semanas, como recordatorio de la respuesta social crítica. También en agosto.
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