De la Vega dice que llamar a la Fiscalía no es otra «cacería» contra el PP
«El PP se cree que inventando cacerías o conspiraciones va a confundir o eludir la acción de la Justicia», dijo ayer María Teresa Fernández de la Vega dando por buena la vieja máxima de que la mejor defensa es un buen ataque. La vicepresidenta admite que el lunes, desde Costa Rica, un miembro de su gabinete telefoneó a la «secretaría general técnica» de la Fiscalía General, no al fiscal Cándido Conde-Pumpido, para saber qué iba a hacer el Ministerio Público tras la decisión del TSJPV de archivar el «caso Camps». No hubo, asegura, instrucción alguna.
Nada más «lógico y natural» que esa llamada, replicó ante el revuelo que se ha montado por la supuesta injerencia, puesto que minutos después protagonizaría una rueda de prensa en San José de Costa Rica y necesitaba estar «informada». El problema es que su anuncio se adelantó a la nota que iba a sacar el Ministerio Público, pero, cuando se produjo esa llamada telefónica, prosiguió su relato De la Vega, Justicia ya sabía que Anticorrupción recurriría en casación ante el Supremo. Por tanto, «ni conspiraciones ni persecuciones» al PP, sino actuación del fiscal general en el marco de la ley y respetando su plena autonomía.
La portavoz del Gobierno hizo estas declaraciones en la Embajada de España en Brasilia, después de reunirse con el presidente del país, Luis Inazio Lula da Silva, al que agradeció públicamente el apoyo de Brasil para que la posición de España en el G-20 se consolide. Pero sabía lo que los enviados especiales le iban a preguntar y traía un guión de respuesta al PP.
Caso abierto
De la Vega se muestra dispuesta a comparecer ante el Parlamento, aunque no lo cree necesario porque «nada más normal en términos democráticos» que la vicepresidenta se informe de qué va a hacer el Ministerio Público. Si tiene que comparecer, irá, pero «el problema del PP es con la Justicia, no con el Gobierno, y todo lo demás son cuentos populares que, sinceramente, no hay quien se los crea».
La exculpación de Camps continuó centrando la crónica política, donde no faltaron, de nuevo, cruces de comunicados y contracomunicados. De hecho, el responsable de Justicia e Interior del PP, Federico Trillo, se apresuró a responder a De la Vega a través del gabinete de prensa del PP para decir que al Gobierno «se le ha caído la careta» y resaltar la relación de la vicepresidenta con el hoy jefe de la brigada de la policía judicial, Juan Antonio González, con quien colaboró, según la nota del PP, en la operación de captura de Luis Roldán. También recordó Trillo la imagen de De la Vega abroncando a la presidenta del TC, María Emilia Casas, un 12 de octubre.
Además, en nombre de su comisión ejecutiva federal, el PSOE replicó a la «número dos» del PP, María Dolores de Cospedal, a la que acusó de declaraciones «impropias» por acusar al Gobierno de usar a la Fiscalía para acosar a la oposición cuando su tarea debe ser perseguir a ETA. Según los socialistas, es «indigno» que Cospedal «recurra, en la enloquecida estrategia del PP, a mezclar la política antiterrorista, una cuestión de Estado, con la «Gürtel»».
En un clima político valenciano cada vez más crispado, el líder regional del PSOE, Jorge Alarte, dijo en una nota que Camps «tiene pánico a que el Tribunal Supremo sepa la verdad» porque «mintió a la ciudadanía, a las Cortes y a los jueces».
«Chulo político»
Quien le contestó fue el «número dos» del PP valenciano y también exculpado por el TSJCV, Ricardo Costa. Costa recurrió al comunicado, cosa poco frecuente en él habida cuenta de que ha sido el único dirigente popular salpicado por la «Gürtel» que jamás se ha ocultado de los periodistas. Dijo de Alarte que «se ha convertido en un desvergonzado de la política que debería dimitir» y le acusó de «ignorante», «chulo político» y «barriobajero».
En cambio, el presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, no tuvo inconveniente en comparecer ante la prensa para decir que «a los socialistas, el archivo de la «Gürtel» les ha sentado como un cuerno quemado, pero como dicen en mi pueblo: ajo, agua y resina, a joderse, a aguantarse y a resignarse».
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