Sorpresa por el pacto fantasma
Sorpresa e incredulidad son las sensaciones que la supuesta tregua alcanzada con los talibanes en el distrito de Bala Murghab, al noroeste del país y dentro de la provincia de acción española, ha despertado en el cuartel general de la OTAN en Kabul. La ministra de Defensa, Carme Chacón, se congratuló durante su visita de un acuerdo que, según fuentes militares consultadas, «no es fiable» y que «el mismo lunes ya se rompió durante algunas horas». Estas mismas fuentes apuntan que «las condiciones y los líderes firmantes no están claros», y prefieren referirse a un acuerdo «puramente entre afganos: parece que las fuerzas de seguridad locales han acordado retirarse de ciertas posiciones y ceder terreno a la insurgencia, a cambio de que esta no actúe durante al menos el periodo electoral».
Los mulás Jamaloddin Mansoor y Amoruddin son las cabezas visibles de los talibanes en Bala Murghab, un distrito al noroeste de Afganistán que se ha convertido en el feudo de la insurgencia en esta parte del país.
La pequeña base avanzada de operaciones «Columbus» es la única presencia internacional a la entrada de un valle en el que no ha entrado un soldado extranjero desde el inicio de la misión internacional. En ella trabajan de forma conjunta españoles, norteamericanos e italianos. Estos últimos se han atribuido el mérito de este alto el fuego, conseguido gracias «al enfrentamiento entre el Ejército Afgano y las fuerzas insurgentes con el apoyo de unidades italianas, que ha logrado la retirada final de los milicianos», destaca el general Marco Bertolini.
Mientras que en la provincia española se habla de una tregua electoral en su principal foco de violencia, al sur del país la operación que británicos y norteamericanos llevan a cabo para intentar controlar Helmand se intensifica. Aunque se preveía un éxodo de insurgentes a otras regiones, de momento «en Badghis no hemos detectado movimientos anormales y tampoco una actividad extra, aunque no descartamos que hayan llegado y estén esperando el momento de actuar», afirman las fuentes consultadas.
El «efecto Helmand»
Lo que sí está provocando el avance militar en Helmand es «una oleada imparable de refugiados a las provincias cercanas», según funcionarios de Naciones Unidas que lamentan no poder atender esta crisis por la falta de seguridad en todo el sur del país. El personal de Unama (misión de la ONU en Afganistán) es quien viaja y sufre en primera persona las dificultades para moverse más allá del centro de las capitales de provincia. «En el sur, lo único que desean es que estas elecciones pasen cuanto antes y que haya el menor número de muertos», destaca un empleado del organismo internacional en plena misión.
Junto al despliegue militar todos aguardan la puesta en marcha del prometido «civilian surge» de Barack Obama, un «ejército» de civiles para asesorar en la compleja reconstrucción de Afganistán.
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