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Fuentes socialistas han hecho autocrítica y comienzan a dudar de la imbatibilidad del presidente del Gobierno y su gestión de la crisis, a la que ayer las urnas pasaron factura. El jefe de filas socialistas ofreció a mediodía una rueda de prensa improvisada para pedir el voto, pero se escondió por la noche al conocer la derrota
Zapatero, el líder ausente
Blanco, Salgado, Zerolo o Pajín, pero ni rastro de Zapatero / AFP
Actualizado Lunes, 08-06-09 a las 23:54
Les proponemos un ejercicio de agudeza visual. Busquen a los principales dirigentes del PSOE al conocerse anoche los resultados de las elecciones europeas en nuestro país, que dieron una holgada victoria y 23 escaños al PP encabezado por Mariano Rajoy y su candidato Jaime Mayor Oreja. Al filo de las 20.00 horas y cuando todo apuntaba a que la participación en la cita con las urnas sería similar o incluso superior a la de 2004, Leire Pajín, coordinadora de la campaña del PSOE, sacaba pecho y señalaba que el PSOE se convertiría en la fuerza socialista más votada de Europa. En Ferraz se conformaban (y vaticinaban) porque deducían que sólo estarían uno o dos puntos por debajo de los populares.

Pero la diferencia fue de casi cuatro puntos y, lo que se consideró mucho más importante, por una horquilla que rondó los 600.000 votos. En el sprint final de la campaña, los socialistas auguraban que la diferencia sería de 100.000-200.000 papeletas, y esto, habida cuenta de la gran abstención que se pronosticaba y que castigaría al PSOE, y el momento de recesión que atraviesan todos los partidos en el poder, sería «un gran resultado». Sin embargo, fuentes próximas al presidente Zapatero no dudaron en calificar ayer como un golpe la brecha abierta por el PP que, desde Génova, anunciaba con total euforia que el resultado suponía un «aval» a su estrategia de oposición y un aldabonazo al «cambio de ciclo» que rechazaban los socialistas en el Gobierno.

Ese hachazo a las aspiraciones de la candidatura de Juan Fernando López Aguilar fue la que propició que los grandes líderes, siempre presentes, del PSOE se escondiesen en la «foto finish» y en la comparecencia del candidato canario pasadas las 22.30 horas de la noche se comprobó que Leire Pajín, «número tres» del partido y encargada de la organización de la campaña, iba a ser la que diese la cara. El «cocinero» de Moncloa y sus campañas, el «número dos» del partido «Pepiño» Blanco se escondió a la izquierda de López Aguilar y en su cara se visibilizaba la segunda derrota electoral del PSOE en tres meses (la primera, en su tierra natal, Galicia). La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se vieron obligados a comparecer para ofrecer los datos provisionales que arrojaba el escrutinio. Sus rostros y el tono casi fúnebre adoptado por la vicepresidenta también hablaban alto y claro. Zapatero ni siquiera salió a arropar a su candidato vencido.

Una rueda de prensa en toda reglaNo había ocurrido así a mediodía, tras depositar su voto en un colegio madrileño junto a su esposa, Sonsoles Espinosa. La escenificación para que el presidente diese sus primeras palabras sobre la cita electoral fue la propia de las grandes citas. En el centro, un micrófono con pie para recoger la impresión del secretario general del PSOE. Enfrente, decenas de periodistas con cámaras y cuadernos en ristre. Los asesores de Zapatero organizándolo todo. Lo mismo que en cualquier rueda de prensa en Moncloa en la recepción a cualquier primer mandatario internacional. La intención, según fuentes socialistas, era «animar al voto», conscientes de lo que se jugaban el 7-J, y con el refuerzo estadístico de que la concurrencia de los ciudadanos españoles a las urnas presentaba un porcentaje idéntico al de hace cinco años. Así que las palabras del presidente del Ejecutivo tenían la intención de salir al rescate de los todavía poco convencidos para que fuesen a votar durante lo que quedaba de jornada.
No en vano, en la última entrevista concedida el pasado viernes por el jefe de filas socialistas en el programa «Los Desayunos de TVE» reconoció por primera vez que «se jugaba algo» en las elecciones europeas, ya que se trataba de los primeros comicios de ámbito nacional desde que España entrase oficialmente en recesión económica. Fuentes internas del PSOE hablan ahora de que la derrota de ayer puede, en efecto, generar grandes dudas en el seno del partido respecto a un mito ya creado: la imbatibilidad del líder, Zapatero, frente a un Rajoy que tenía que combatir antes las tensiones internas en su formación que enfocar su lucha contra el rival político.

La derrota pone a prueba el tono y la agenda política de ZapateroEsas fuentes vuelven al punto de partido: la gran distancia, los 600.000 votos a favor del PP, que pueden instalar la duda de que Zapatero y su gestión de la crisis no se presentan tan impecables como se esforzaban en demostrar hace unas semanas, incluso manifestando un respaldo incondicional de la bancada socialista a las medidas anticrisis anunciadas por el presidente en el Debate sobre el Estado de la Nación y que después se quedaron en saco roto.

El voto de castigo al PSOE en comunidades históricas para esta formación como Cataluña y Andalucía (Mayor Oreja ha recortado en diez puntos la desventaja respecto al PSOE) invitan a hacer autocrítica en la Dirección Federal socialista a la que, según fuentes de toda solvencia, los resultados de ayer «les han puesto muy nerviosos». La derrota supondría, añaden, que Zapatero tiene que rebajar el tono contra la oposición y el impregnado en ciertas iniciativas de izquierda, como llevar la reforma de la Ley del Aborto y la Memoria Histórica hasta sus últimos extremos, así como modificar estos y otros temas de la agenda política.

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