La marcha de Rosa Aguilar deja huérfana a Izquierda Unida
Posturas críticas con algunas políticas de IU
De Rosa Aguilar, de 51 años, soltera y licenciada en Derecho por la Universidad de Sevilla, se dice en los mentideros políticos que es íntima amiga de Griñán, prolijo diputado por la provincia de Córdoba hasta el «traslado» a Madrid de Manuel Chaves. Su trayectoria en Izquierda Unida es la historia de una trabajada ascensión, peldaño a peldaño: abandonó su bufete y la abogacía cuando fue elegida edil del Ayuntamiento cordobés en 1987. Repitió en 1991. Entre 1990 y 1993 fue diputada del Parlamento de Andalucía y pasó, después, a ser diputada del Congreso de los Diputados por su provincia natal. Por primera vez en 1999 cogió el cetro municipal de la ciudad, merced a un pacto con los socialistas, que ya no le hicieron falta para regir en solitaro tras los comicios de 2003. Aguilar se ha caracterizado siempre por contar con el apoyo incondicional de los cordobeses que, pese a los fracasos en las urnas que obtenía su partido, ella iba renovando la confianza de la ciudadanía. Quizás este reconocimiento lo ha cosechado gracia a haber sembrado un amplio ramillete de posturas críticas con las políticas ambiguas de su partido, como el papel confuso que mantiene Ezker Batua (Izquierda Unida en el País Vasco) en relación a la izquierda radical vasca, o su alianza con Acción Nacionalista Vasca (ANV) para gobernar en la localidad guipuzcoana de Mondragón tras las elecciones municipales de 2007.
ha preferido pasar a ocupar un sillón de honor en el Gobierno andaluz,
Mar Moreno ya fue consejera de Obras Públicas al inicio de esta misma legislatura
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