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La «hija coraje» de Isaías Carrasco

Sorprendió, conmocionó, fue un «aguijonazo» a las conciencias de más de uno, y calló. Pero sólo silenció sus contundentes opiniones porque no le preguntaban, porque Sandra Carrasco tiene una palabra de hierro cuando alguien menta el terrorismo etarra en su presencia . Esta joven tenía 20 años cuando vio cómo dos pistoleros de la banda -uno de ellos, el médico Beñat Aguinagalde, según la Ertzaintza, que continúa fugitivo de la Justicia- hacían añicos su vida y la de su familia disparando contra su padre, el ex edil socialista de Mondragón (Guipúzcoa), Isaías Carrasco. Fue la última persona que vio a Isaías con vida, salieron de casa juntos, y acto seguido, se dibujaron los perfiles de dos encapuchados que descerrejaron varios tiros a su padre y se perdieron en un coche. Este dramático hecho, que a todos nos dejaría sin palabras, sin apenas respiración, a ella sólo se las arrebató durante unas horas. El 8 de marzo, en plena jornada de reflexión, esta joven de un impresionante coraje y una tenacidad impenitente, rompió ese silencio momentáneo para hablar con la fuerza de frases como «no me han sorprendido. Son unos cobardes, unos cobardes, que no tienen cojones» o «estoy orgullosa de mi padre y ellos han sido unos hijos de puta», como se refleja en el vídeo de esa fecha que acompaña a estas líneas. Con sus penetrantes ojos negros, su pelo azabache y un característico «piercing» en el labio, la hija mayor de Isaías demostró su honda convicción socialista invitando a todos a no dejarse amedrentar por los canallas y acudir en masa a votar al día siguiente, el día de las elecciones generales, hasta el punto de que su nombre llegó a sonar como «futurible» candidata socialista para ocupar un sillón en el Consistorio de Mondragón . En el funeral de su padre, representó el clamor valeroso, la invocación de los valores democráticos y la razón de la vida contra el sinsentido de las balas. Tras ese episodio, el nombre de Sandra Carrasco resuena con un puesto de honor en el universo que cada español se forma sobre las víctimas del terrorismo. Como Mari Mar Blanco, la hermana de Miguel Ángel, o Pilar Ruiz y Maite Pagazaurtundua, madre y hermana del ex jefe de la Policía Local de Andoáin, o los hijos de Fernando Múgica, un histórico del socialismo vasco en Guipúzcoa.

Ha reemplazado a su padre en la cabina de peaje

Sandra ha recuperado durante este tiempo la rutina de su padre. Se desplaza cada día a la cabina de la autopista A-1 para cobrar el peaje a cada automovilista, quién sabe si advirtiendo en cada mirada un consuelo amable o el de un terrorista escondido bajo el disfraz de ciudadano. Salpican esta aparente normalidad los actos de homenaje a las víctimas como su padre del hachazo sanguinario de la banda ETA, además de tener que lidiar diariamente con las fotos de presos etarras colgadas en un muro cual reyes a los que hay que rendir tributo, o carteles pidiendo la rendición del ideario constitucionalista y la persistencia del «conflicto» vasco. Éstas son las insistentes secuelas de querer seguir viviendo en un pueblo que se ha convertido en un hervidero de protestas de los filoetarras y en un vaivén de manifestaciones a favor y en contra de la convivencia tranquila en el País Vasco. Así que, en medio de este litigio, cuando se pide su asistencia a un acto en memoria de los fallecidos, ella llega y despliega su energía y su enorme entereza con palabras como las de ayer. «Cuando paso por las calles de Mondragón y

veo a la alcaldesa (Inocencia Galparsoro, del ANV)

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