Guerra al chiringuito
La nueva interpretación de la ley de Costas que está llevando a cabo el Gobierno ha puesto en peligro a los restaurantes de playa. Celia Villalobos trasladó la polémica al Pleno y originó un encendido debate
¡Que nos quieren quitar a los «chiringuiteros»! ¿Qué vamos a hacer sin los «manueles»? ¿Dónde va a comer la gente en la playa y dónde va a hacer sus necesidades? ¿Todos en el mar? La diputada del PP Celia Villalobos llevó su indignación por el peligro de extinción de los restaurantes de playa al Pleno del Congreso (al hemiciclo y a los pasillos). La ex ministra lo vive, lo siente y como está tremendamente enfadada por la interpretación «fundamentalista» de la ley de Costas que hace el Gobierno de Zapatero, y que pone en peligro de extinción a los chiringuitos, así lo expresa. En carne viva.
Villalobos explicó que los restaurantes de playa -«en mi tierra los llamamos chiringuitos»- son todas las concesiones del Ministerio producidas después de la ley de Costas. Unas obras que los pequeños empresarios han realizado en sus establecimientos para poder ser legales a instancias de los ayuntamientos, con el apoyo de la Demarcación de costas. Y ahora, apuntó, se encuentran «con que el Gobierno del señor Zapatero ha decidido transmudar la ley de Costas e interpretarla de forma diferente». ¿Cómo piensa resolver este problema que su Ministerio ha creado?, preguntó a la ministra de Media Ambiente, Elena Espinosa.
La normativa de costas del Ministerio establece, entre otros requisitos, que la distancia mínima entre los restaurantes de playa sea de 200 metros, que cada negocio no ocupe más de 150 metros cuadrados y que todos estén fuera de la arena, «para no ocupar el dominio público maritmo terrestre y no molestar a los bañistas». La ley no es nueva, pero la interpretación «fundamentalista», como la califican los populares, que se está dando, sí.
La ministra se defendió como pudo. «Desde luego, nosotros queremos aplicar la ley de Costas, y hacerlo sin dañar al sector y buscando soluciones en función de las circunstancias determinadas». A Espinosa se le ocurrió aludir a un intercambio de correspondencia que ha mantenido con Villalobos sobre este asunto, y la diputada del PP aprovechó la oportunidad.
«Yo no quería hacer alusión a su carta porque soy muy respetuosa con los temas personales», se justificó. Dicho esto, y a la vista del comentario de la ministra, mostró a todos los diputados la carta que había recibido de la ministra. «Usted reconoce que preferentemente tienen que estar fuera de la arena, pero que pueden estar dentro de la arena cuando no se puedan sacar de ella», afirmó.
No es un asunto menor. Según una estimación de los empresarios andaluces de playa, el hecho de quitar los chiringuitos de la arena de playa supondría la destrucción de unos quince mil puestos de trabajo.
La diputada Villalobos advirtió que sólo en Málaga, su tierra, hay 339 chiringuitos. Un sector, dijo, que representa «lo más importante del turismo de sol y playa», en una Comunidad «con el 25 por ciento de paro, que vive de este sector», advirtió. «Y resulta que usted ha creado incertidumbre».
«En la casa de Blanco»
A esas alturas, Villalobos opinaba a tumba abierta en el debate. «Si usted quiere aplicar la ley de Costas, con la interpretación que quieren darle, hágalo usted en su tierra, porque allí lo que existe son chiringuitos inmobiliarios. Métase usted con la casa de Zarrías y con la casa de Blanco, que están fuera claramente de donde tienen que estar», espetó a la ministra gallega. Espinosa contestó con una velada amenaza: «Voy a tener que hablar con el promotor de lo que ustedes llaman Villa PSOE, para que me facilite los propietarios, porque seguramente voy a encontrar más gente, y afiliada a su partido». Dicho esto, reprochó al PP que no cambiara la ley de Costas en ocho años.
La bronca no quedó ahí. El turno pasó y tomó la palabra el socialista Miguel Ángel Heredia, diputado por Málaga y viejo conocido de Villalobos. Heredia habló del alcalde de esa ciudad, Francisco de la Torre (PP), a quien acusó de «robar». Villalobos le exigió una rectificación y protagonizó otro rifirrafe con la vicepresidente primera de la Mesa, teresa Cunillera.
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